“(...) Nuestra historia es tan absurda, es tan loca e inhumana, que el final es un comienzo y tengo que aguantar mis ganas (...)”, es una estrofa que probablemente muchos escucharon en las radios. Roque Valero es la voz detrás de esa canción, llamada Nuestra historia.
“Estoy muy agradecido con el Ecuador. Desde que llegué me han tratado como amigo, como un ecuatoriano más y eso habla muy bien de ustedes como país”, dice el cantautor y actor venezolano, quien visitó el país para promocionar su sencillo Insomnio –también le da título a su cuarto disco–, que suena más a una “banda” con los sonidos de las guitarras eléctricas, del piano y en el que “no hay cuerdas”, asegura Valero.
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Su nuevo álbum incluye temas como Ciudad bendita, Nuestra historia y otros que pertenecen a sus trabajos anteriores, por ello, el artista está concentrado al 100% en su trabajo y ultima detalles de su producción de corte pop. “Estoy en la fase de la masterización y luego vendría en agosto (al Ecuador) con el disco completo”, asegura el venezolano, que por primera vez visita la ciudad.
“Es una carta de presentación para empezar a abrirme a mercados internacionales”, manifiesta el cantante, quien por el momento está retirado de los roles histriónicos.
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Sus cuerdas vocales no son las únicas de Insomnio, pues Valero ha invitado a participar de su disco a la puertorriqueña Kany García, al grupo venezolano Vos Veis y al guayaquileño Daniel Betancourt. “En Ecuador hay una gran generación de cantautores, como Juan Fernando Velasco, que es como un personaje presidencial”, comenta entre risas.
Si bien no tiene mucho tiempo para su vida personal, se encuentra “súper emocionado por todo lo que está pasando” y por la acogida recibida.
Más allá de su carrera artística, se considera una “persona normal”. “Yo voy al mercado, cocino, veo televisión y hago zapping (cambiar de canal repetitivamente usando el control remoto), en ocasiones ‘twitteo’, tomo tragos. No hago nada extraordinario”, afirma.
Valero participó recientemente en Quito en el concierto Los 40 Principales, y si bien tenía muchas expectativas, pues era la primera vez que visitaba la capital, no sabía qué iba a pasar con el público. Pero cuando comenzó a cantar, la gente coreó sus letras junto con él. “Fue un gran recibimiento, fue sentirse como en casa”, expresa emocionado el intérprete.
Sin dejar de lado las jergas de su patria expone que de “chamo” estaba metido en las actividades artísticas en el colegio. “Estaba en el grupo de teatro, en el coro. Además, mi abuelo era tompretista, por eso tengo esta trompeta”, y señala el tatuaje del instrumento de viento que tiene en su brazo derecho. “Lo acompañaba a los bailes. Él (su abuelo) tocaba en la orquesta Billos Caracas Boys que era una agrupación de música bailable en Venezuela. Desde niño lo acompañaba a los ensayos, a los bailes hasta las tres de la mañana. Estuve en todo el ambiente bohemio de la música”, dice el actor de La vida entera.
Pero Valero no siempre se tomó la música tan en serio como ahora. Confiesa que en un principio lo hacía para “levantar muchachas, juntarse con los amigos, tomarse un trago”; sin embargo, reconoce que la vida le fue mostrando que el canto no era solo un desahogo. “La música se ha convertido en mi vida, en mi manera de ser, en mi manera de pensar, en mi manera de vivir”.
Por eso, en la actualidad se siente “cómodo” con la música, y comenta que a más de la televisión, también ha dejado el teatro. La última obra en la que participó fue Los productores, una comedia musical del director y guionista estadounidense Mel Brooks. “Fue interesante, nunca había cantado y bailado al mismo tiempo”, expresa el cantautor, quien se inspira en sus vivencias, en lo que observa, en lo que le cuentan y en lo que él se inventa para hacer sus composiciones.
Valero resalta la diferencia entre actuar y cantar, cosas que para él son absolutamente distintas. “Al hacer un personaje en una película o en una novela, digo lo que escribió otro. Cuando canto digo lo que yo escribí. Con la música me puedo comunicar de manera más directa con la gente” y agrega que cuando su música gusta a sus fanáticos es porque hay una conexión directa entre la persona que hace la canción (él) y la persona que la consume.