35 años de fabulaciones de Jorge Velasco Mackenzie

35 años de fabulaciones de Jorge Velasco Mackenzie
35 años de fabulaciones de Jorge Velasco Mackenzie
El escritor guayaquileño Jorge Velasco Mackenzie revisa un libro de la biblioteca de la Casa de la Cultura, núcleo del Guayas. Él cumple más de tres décadas de carrera en las letras nacionales.
29 de Junio, 2010
29 Jun 2010

Jorge Martillo Monserrate para EL UNIVERSO
.- Esa mañana, Jorge Velasco Mackenzie, desde el tercer piso de la biblioteca de la Casa de la Cultura, núcleo del Guayas, desentraña a una Guayaquil nebulosa. Su rostro luce tatuado por sus 61 años, se parece al doctor Zacarías Lima, protagonista de su última novela Tatuaje de náufragos.

No es ficción. El tiempo corre. En 1975 publicó su primer libro De vuelta al paraíso. "Esas historias iniciales alguna vez estuvieron muy compenetradas conmigo, que hasta les perdoné sus defectos textuales, llegué a declarar que quiero a ese libro como un padre quiere al hijo nacido enfermo. Tal vez sean los textos más cercanos a mi infancia", manifiesta el narrador que de niño devoraba las aventuras de Salgari, Dumas, Verne, Dickens y quien recuerda que cuando era un muchacho, ante el fallecimiento de un amigo del barrio, escribió por primera vez un poema en su memoria.

Velasco ha publicado seis novelas, pero su más emblemática y editada es la primera, El rincón de los justos (1983). Es la historia de personajes que habitan el marginal barrio de Matavilela -Cachinería-. Frunce el ceño y expresa: "Creo que difícilmente un escritor sabe mucho sobre el éxito (o fracaso) de sus libros, lo mejor de todo es saber que por un tiempo, más allá de la muerte, estará en la memoria de la gente, no como autor, sino como historia, aceptada y leída en todos sus tejidos verbales".

Comenta que toda su narrativa está marcada por la cultura popular y la historia. "A veces encuentro historias que nacen de la cultura popular, que las hay; y en otras ocasiones es la misma historia que me reta a contarla desde el otro punto de vista".

Últimamente sus libros hacen alusión al tatuaje: Ciudad tatuada; Tatuaje de náufragos; Lecturas tatuadas y la inédita pieza de teatro: Tatuaje para el alma, etcétera. Anota que el tatuaje siempre ha estado sobre la piel de hombres y mujeres, como si quisieran ser el papel, la piedra o la madera donde el ser humano deja las huellas de sus historias. "Pienso que también estoy tatuado por el lenguaje y sus usos, solo que mis tatuajes no están en mi cuerpo, solo en mi memoria", expresa poniéndose los lentes y contando que ese ciclo terminará con el libro Poemas tatuados que publicará a fines de este año.

Velasco Mackenzie siempre ha declarado que añora por sus posibilidades expresivas a la Guayaquil anterior a la de la regeneración urbana. Cuenta que le gustaba vagar por la parte vieja de la ciudad porque sentía una especie de nostalgia medio pasillera, una música sorda, un camino final al que siempre volvía. Aunque desde hace algunos años vive en Durán y asegura que muy pronto residirá en una ciudadela cercana a General Villamil, Playas. Pero por ahora, Guayaquil siempre está a la vista desde la otra orilla: "Me gusta asomarme a la ventana de mi cuarto de trabajo y verla despertándose con las primeras luces del alba, encendida al mediodía y apagándose cuando llega el atardecer, después está el juego de luces desde el cerro hasta el sur".

Indago qué lo llevó a crear Tatuaje de náufragos, una novela de escritura diferente y responde: "Lo que me empujó a escribirla fue la desaparición del bar Montreal, de don Floresmilo Arcos, frente al parque Centenario, con la desaparición del lugar desapareció un grupo generacional que éramos nosotros, las personas se presentaron con sus nombres verdaderos y ocuparon las mesas con los personajes de ficción".

Confiesa que cuando escribe un cuento existe una chispa que primero lo ciega y después ilumina su camino que puede "ser como una cárcel, la cárcel del fabulante". En cambio, con las novelas es diferente, aunque los asuntos centrales también pueden aparecer de golpe, investiga y planifica mucho, traza un mapa de acciones y espacios que pega en la pared o lleva consigo.

"Soy impaciente, sumo páginas buenas y las resto de las páginas malas que destruyo; cuando algún personaje quiere irse lo encadeno, lo obligo a cumplir su estatuto", dice sobre su manera de escribir sus fábulas.

En la próxima Feria del Libro, que será en julio, Velasco Mackenzie presentará su libro de ensayos Lecturas tatuadas y cuenta que ahora está sumergido en la escritura de una novela de aventuras y venganzas que transcurre en las islas Galápagos.

Casi al final de la conversación se para, coloca los lentes y observa al parque Centenario que abajo es un bullicioso ir y venir de transeúntes. Le pregunto cuál es su lugar favorito. "Guayaquil es la ciudad donde nací, vivo y yaceré muerto. Mi lugar favorito es donde me toque estar vivo para yacer muerto -expresa lento como saboreando sus palabras-. No me gusta el olor de los bares cuando están cerrados. Me gusta el sabor amarillo de la cerveza que se queda tatuado en la boca".

La conversación termina, Velasco Mackenzie se pierde entre hileras de libreros de la biblioteca. Abajo, Guayaquil vocifera realidades y fábulas.

35 años de fabulaciones de Jorge Velasco Mackenzie
Cultura
2012-09-13T02:52:03-05:00
Obra. El autor guayaquileño disfruta recorrer su ciudad, la cual es un elemento esencial en su producción.
El Universo