Al igual que con el Escudo Nacional, cuyo día se celebra el 31 de octubre y pasa desapercibido porque la gente recuerda más Halloween (que también se festeja en esa fecha), algunos ecuatorianos consultados e incluso los mismos artistas no recuerdan que un 4 de junio hace 80 años el dúo Ecuador, integrado por Nicasio Safadi (1897-1968) y Enrique Ibáñez (1903-1998), viajó a Nueva York para grabar los primeros discos de música nacional.
Al periplo, en el que también participó el empresario José Domingo Feraud Guzmán (1891-1978), se lo considera una hazaña y para ponderarlo se lo dedican al artista ecuatoriano.
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Desde entonces “mucha agua ha corrido bajo los puentes”, pues los artistas nacionales diversificaron sus gustos interpretativos y acogieron otros ritmos y géneros. En la actualidad, la hazaña ya no es solo grabar un disco, darlo a conocer y gustar, sino hacer uno con composiciones de la llamada música ecuatoriana, en especial los pasillos.
El de reciente producción es el álbum Con toda el alma del cantautor Juan Fernando Velasco, que en opinión de los universitarios Néstor Correa, Alfredo García y Aurelio Tomaselly, de 23, 24 y 25 años, ha logrado refrescar los pasillos ecuatorianos, propiciar curiosidad entre los jóvenes que desconocían sobre la música ecuatoriana y acercarlos a un género que con él se moderniza.
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Luisa Suárez, de 23 años y estudiante de Comunicación Social de la Universidad Católica, también pondera el esfuerzo, pero lamenta que los jóvenes que jamás habían escuchado los pasillos lleguen a pensar que Velasco escribió los temas que interpreta en su disco.
A Carolina Carrillo, de 22 años, la aflige, en cambio, que tras el apogeo del disco recién lanzado no quede en la gente el deseo de acuñar el género y darle su valor. Y la estudiante de psicología Laura Sánchez, de 20 años, señala como causa de esa falta de afianzamiento de la música nacional en los jóvenes la apertura que estos tienen a otros géneros musicales como el pop anglosajón.
Pero aun en ese ámbito, anota Alfredo García, los cantantes nacionales que interpretan esos géneros no logran trascender más allá del ámbito local. “Mirella Cesa o Prime Ministers aparecen en MTV uno o dos meses y se acabó. En su tiempo pasó con Tranzas. Es como que tienen una época de apogeo y luego bajan”.
Para el músico y compositor Naldo Campos, quien ha acompañado con su requinto a reconocidos intérpretes ecuatorianos de pasillos, valses y boleros, la música nacional no perdura por culpa de sus actuales exponentes. “Simplemente no me gustan porque desdibujan las melodías o las cambian como un recurso y argumentando que es para innovar, lo cual no se debe ni puede hacer”.
Tampoco son del agrado de Campos los estilos de canto y timbres de voz de la mayoría de los nuevos cantantes nacionales. “Admito que hay voces bonitas, pero si las comparo con las de cantantes como Pepe y Julio Jaramillo, no compiten”.
El artista, para quien hoy será un día de normal actividad y sin celebración, los moldes (de buenos intérpretes) se rompieron. “En Ecuador, además, hay mucha influencia de música extranjera. Se opta por cantar otros géneros musicales y eso ya no es música ecuatoriana”.
Karla Kanora, que saltó a los escenarios como intérprete pop, opina, no obstante, que se puede considerar música ecuatoriana “todo lo que nace y hacemos los artistas ecuatorianos”. Los pasillos y lo hecho anteriormente pueden enmarcarse en lo que define como música tradicional ecuatoriana.
Y justamente para dar perpetuidad a esta última es que Kanora considera que muchos artistas decidieron tomar temas que fueron éxito en el pasado y que son parte de la historia musical del país, para imprimirle su propio estilo y aporte y convertirlos en contemporáneos.
Ella también ha hecho lo suyo, pues recientemente grabó a su estilo el pasillo Sombras y el valse Fatalidad, ambos popularizados por Julio Jaramillo. Lo hizo, agrega, para rendirle un tributo al Ruiseñor de América.
“Él grabó más de 3.000 canciones y consideré que estas quedaron institucionalizadas en el pentagrama”, añade Kanora. Fatalidad fue el primer tema romántico grabado por JJ y marcó una nueva etapa en su carrera artística.
Naldo Campos lamenta que en el país —entre los nuevos exponentes musicales— no haya alguno de exportación. Esto porque los géneros foráneos que escogen para interpretar ya tienen sus figuras en el exterior y cómo competir. “Más bien los encasillados como cantantes ‘chicheros’ tienen mayor aceptación entre los ecuatorianos y latinos”.
Ataúlfo Tobar, musicólogo y comunicador, cree que si se compara la actividad musical de los años noventa y ochenta, la producción actual es impresionante y creativa. “Hay gente talentosa que ha podido salir del país para prepararse y demostrar su calidad. El año pasado, Paulina Aguirre demostró que los ecuatorianos también podemos ganar Grammy”.
Anota Tobar que ahora que hay más estudios de grabación y espacios donde desarrollarse, al artista ya se lo mira diferente y no como al vago, borracho o drogadicto que no le gusta estudiar y que por ello se refugia en la música. “Se ha dignificado el oficio”.
Tobar, que gusta del disco Con toda el alma, señala que el pasillo ha pasado por muchas etapas y que ahora se está remozando en el gusto de los jóvenes. “Como en su momento lo fue el bolero con Luis Miguel, el pasillo tiene a artistas como Juan Fernando para actualizarlo”, dice.
La soprano guayaquileña Beatriz Parra califica a los artistas ecuatorianos como héroes por su deseo de sobresalir. “Es notorio ese progreso. Hay más artistas formados académicamente dentro y fuera del país. Eso hace que el nivel de la música nacional se eleve”, anota la artista, quien también incluye la música nacional en sus presentaciones. “Con mi hija (Beatriz Gil) grabé un disco de albazos, pasillos, pasacalles. Se llama Las Beatriz”.
Indica creer que la música ecuatoriana ha registrado un gran repunte. “Es muy bella y hay que saber cantarla con buen gusto”.
La historia
El 4 de junio de 1930, Enrique Ibáñez Mora y Nicasio Safadi, con la ayuda de José Domingo Feraud, partieron en el buque Santa Teresa hacia Nueva York, donde grabarían el primer disco de música nacional. Las 5.000 copias del álbum que hizo el dúo Ecuador y que contenía el tema Guayaquil de mis amores se vendieron rápidamente en la ciudad y marcaron el inicio de la discografía ecuatoriana.