QUITO
.- La poesía irreverente en la voz inconfundible de Joaquín Sabina y la entrega total del público fueron los elementos de una noche de bohemia y confesiones que se vivió, el sábado pasado, en el coliseo General Rumiñahui de Quito.

El cantautor se presentó ante un público delirante, a las 21:00, vestido con una levita de cola y un sombrero de paño negro. El saludo musical fue Tiramisú de limón, uno de los temas más promocionados de su última producción Vinagre y rosas.

La segunda interpretación fue otra descarga de fuerza poética: "A los 15 los cuerdos de atar me cortaron las alas/ A los 20 escapé por las malas del pie del altar...". Era Viudita de Clicquot, también de Vinagre y rosas. Sabina confesó al público que Quito se le ha ido metiendo de un modo suave y violento y que ha recibido "muestras de complicidad imposibles de agradecer sino con canciones".

Y así como las mujeres fatales que a él le gustan, Quito le ha dejado sin aire... Hacía referencia a la altura y la necesidad de enchufarse al oxígeno de vez en cuando. Pese a esta advertencia, el show duró dos horas y media gracias a la deferencia del cantante y de los músicos que salieron por dos ocasiones más.

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Las canciones, como ya se esperaba, llevaron a los fanáticos a un recorrido por toda la trayectoria de Sabina. "Me desperté abrazando la ausencia de su cuerpo en mi colchón", cantaba al recordar Medias negras, Aves de paso y Peor para el sol.

El homenaje a Chabela Vargas, En el bulevar de los sueños rotos, también generó emociones tanto en los adultos como en los más jovencitos que aplaudieron por los 91 años de la cantante mexicana, como si la hubieran conocido de siempre. Sabina volvió a sus confesiones: "Somos retecuatachones", dijo. "Los dos hemos sido muy borrachos, muy mujeriegos", comentó causando algarabía

El tema Sin embargo fue cantado al unísono por los asistentes. Y Sabina contó que pese al tamaño de su cabeza siempre le han gustado los sombreros, sobre todo porque en ocasiones especiales, como la que vivía ese momento en Quito, el sombrero le servía para quitárselo.

Sabina regaló al público quiteño, cuencano y guayaquileño, pues hubo grupos de todo el país que llegaron hasta el sitio, Cristales de bohemia, Como un dolor de muelas, Peces de ciudad, Embustera, entre otras.

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Luego contó la historia de un amor de corto alcance con la canción Diecinueve días y 500 noches, para terminar su jornada con Princesa. Pero ante la insistencia del público, Sabina regresó luego de "meterse un shot de oxígeno", para cantar Amor se llama el juego, Vinagre y rosas y la clásica Y nos dieron las 10.

Una nueva despedida de Joaquín y la insistencia del público lo volvió al escenario para cantar El caso de la rubia platino, Contigo y pastillas para no soñar. El recital concluyó a las 23:30.

Audiencia

El grupo Rock Box abrió el concierto con canciones en inglés.

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Al concierto asistieron algunos políticos y el alcalde de Quito, Augusto Barrera.

A las 20:00, el coliseo quiteño ya estaba repleto. Muchos jóvenes lucieron sombreros similares al de Sabina y varios fanáticos llevaron carteles.