El cantautor español Joaquín Sabina llegó a Quito con el humor y singular carisma de siempre. Su primera parada fue en el Concejo capitalino, en donde recibió cerca del mediodía de ayer la distinción de huésped ilustre. El alcalde Augusto Barrera en un rápido y sencillo acto le entregó un botón, un diploma y un libro de Quito Patrimonio, en reconocimiento a su trayectoria musical.

Vestido de negro, Sabina anticipó su alegría de volver a la ciudad de la que quedó flechado desde la primera vez que la vio. Las calles que se le parecen a su Andalucía querida, es lo que más ha motivado su recuerdo y cariño por esta ciudad.

Luego, su segunda parada fue en un conversatorio con un reducido número de periodistas. No era casualidad, pero todas eran mujeres, lo que alentó a Sabina a decir que estaba encantadísimo de estar entre amigos. Una a una fue respondiendo a las preguntas femeninas. Contó que le quitó el acelerador a su vida y pensó que la vida valía la pena vivirla cuidándose un poquito. "Me enrabieta de vez en cuando, a veces quisiera después del concierto ir a los bares de Quito y conocer a la gente, a cantar con una guitarra en un tugurio, eso ya no lo hago y lo lamento mucho”.

Contó que su último álbum, Vinagre y rosas, realizado con el poeta Benjamín Prado sí es el más literario, no solo porque está escrito a cuatro manos, sino porque fue más complejo escribirlo. “Creo que cada vez la palabra se maltrata en las letras de las canciones. Algo que quisiera es tratar a las palabras como gardenias”. En este CD existen canciones autobiográficas, sobre todo aquella llamada Viudita de Clicquot, que se refiere a la tragedia de cumplir 61 años, la edad de Sabina.

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Del poeta español Benjamín Prado aprovechó que su novia acaba de dejarlo. “Estaba desesperado, me aproveché de esa desazón y de esa desesperación para escribir nuestras canciones. Íbamos por las noches a los clubes y por la mañana escribíamos”, cuenta al recordar la historia de las letras que incluye Vinagre y rosas.

“Cuando escribo una canción los genes no se separaran de mí en mis canciones. Yo envidio mucho a mis compañeros de oficio que van dos meses, se encierran dos horas en un estudio y tienen un disco. Tengo un estudio en mi casa, jamás me he sentado ahí a escribir una canción, es como sentarse junto a la policía”, bromeó.

Sabina recalcó que a lo largo de su carrera no quiso fans. “Yo quiero cómplices, no me gustan los fanatismos, no me gustan que me confundan con un profeta o con un ideólogo o que me pongan trajes que me vienen muy grandes. Soy un cantante popular, yo escribo canciones que es un género que se escribe con minúscula, no con mayúscula”, manifestó.

El cantante español anticipó que en su concierto en Quito que se desarrollará mañana, espera retribuir a la ciudad el cariño que siempre le profesa, en su cuarta visita. Antes lo hizo junto a Serrat con el concierto Dos pájaros de un tiro.

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Al reflexionar sobre si existe una diferencia entre las canciones y los poemas, cuenta que cuando escribe canciones esa “canción es un corsé mucho más apretado porque tiene que tener su estribillo, tiene que abrirse paso hacia los oídos del público de una manera mucho más directa que la poesía que se ha convertido en un género muy de laboratorio”.

Detalles: El show
Entradas
Según manifestaron los organizadores del concierto de Joaquín Sabina en Quito, quedan pocas entradas en Golden vox, butacas y generales. Las preferencias están agotadas.

Artistas nacionales
El telonero del concierto será el grupo Rock Box, que interpretará cuatro temas. En este grupo participa Pablo Estrella, ex Kruck's en Karnak.

Obsequio
Sabina recibió un sombrero de paja toquilla como regalo de una periodista de televisión. Al final quedó encantado de estar entre mujeres y las aplaudió por la charla.