Los habitantes del valle del río Paute aún recuerdan aquel 1 de mayo de 1993 cuando una correntada de agua, lodo, piedras y palo formaron un lago de 800 metros de diámetro y una profundidad de 80 metros. Cientos de hectáreas de cultivos y más de 200 viviendas arrasadas fue el saldo de la tragedia.