A las 10:30 de ayer, en la clínica Guayaquil, falleció a los 64 años el poeta, narrador y periodista Luis Fernando Artieda Miranda, tras sufrir de una fibrosis lateral amiotrófica, una enfermedad degenerativa, informaron sus familiares.
La poeta Sonia Manzano, quien forjó amistad con Artieda mientras sus poemas fueron recogidos en el libro Generación huracanada, que se editó hace casi cuatro décadas, dice que su poesía “es social, realmente contundente, removedora de conciencias y llena de un sentido de solidaridad humana”.
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A él lo recuerda como una persona “sumamente franca, muy inteligente y muy entregada a su compromiso con las causas humanas, siempre lo consideraré un luchador”.
En el ámbito periodístico destaca sus crónicas en Televistazo. “Sus memorias eran altamente poéticas y tenía un dominio de la metáfora sorprendente, él supo interpretar, a través de su voz, la voz del pueblo”, dice.
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El artista y poeta Hernán Zúñiga también lo conoce a partir de la antología Generación huracanada. A más de que fuera su amigo, se convirtió en su compadre. Él lo define como “compañero de la vida, hermano en la poesía”.
Menciona que su producción literaria “es eminentemente contestataria y era el sello de autenticidad de su persona. Su poesía era la unión de la nueva poesía latinoamericana. En Fernando se revive la tradición del juglar que sabe decir su poesía”.
El guayaquileño Fernando Artieda nació el 14 de junio de 1945. Sus padres fueron Luis Alberto Artieda Lima y Ana Matilde Miranda Benavides. Fue el mayor de cinco hermanos.
Cursó la secundaria en el colegio Aguirre Abad, donde tuvo como maestra de Preceptiva Literaria a la también poeta Aurora Estrada. En cuarto curso, Artieda tuvo como maestro al escritor Miguel Donoso Pareja, quien lo orientó a la lectura de novelistas rusos y marxistas.
En 1963, a los 17 años, se graduó de bachiller y empezó a asistir como oyente a la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil.
En 1964 colaboró con La Previsora, como ayudante de Contabilidad y Cobranzas. En 1965 asistió a las primeras reuniones de formación del Sindicato de esa institución bancaria.
Durante ese año, Artieda frecuentaba el Café Galería 78, donde se reunían intelectuales de Guayaquil. Ahí los escritores conversaban de poesía, literatura, pintura, escultura, cine y teatro. En ese tiempo, el poeta Fernando Cazón Vera lo recomendó para que sea reportero del diario La Razón. Así empezó su carrera en el periodismo.
Un año más tarde fue miembro de la Casa de la Cultura, núcleo del Guayas. En 1967 ejerció como redactor en el noticiario de Ecuavisa, Vistazo. Poco después contrajo matrimonio con Haydé Cobo Potes.
En 1968 editó su primer poemario, titulado Hombre solidario. Otros textos de su autoría son Hombre solidario (1968), Safa cucaracha (1978), Cantos doblados del patalsuelo del alma (1984) y De ñeque y remezón (1990).
Algunas de sus obras constan en las antologías Lírica ecuatoriana contemporánea (Bogotá, 1979), La novísima poesía latinoamericana (México, 1982), Palabras y contrastes: antología de la nueva poesía ecuatoriana (Cuenca, 1984) y La palabra perdurable (Quito, 1991).
Hasta el cierre de esta edición sus restos eran velados en una de las salas de la Junta de Beneficencia. Hoy se prevé su sepelio en Jardines de Esperanza.
“Los taxistas y las peroles / seres por los cuales uno puede enterarse / de casi todas las cosas de este mundo / seguían escuchando radio Cristal / que había transmitido como un partido de fútbol / la muerte de Jota Jota.
Del poema ‘Pueblo, fantasma y clave de Jota Jota’.