AP-AFP
MADRID.- El cocinero español Ferrán Adriá anunció por sorpresa, el martes pasado, en la feria gastronómica Madrid Fusión, el cierre de su afamado restaurante, El Bulli, en el 2012 y 2013 para explorar y experimentar nuevas fórmulas culinarias.
Adriá aclaró que ni se retira ni se toma dos años sabáticos, pero sí que cierra un ciclo. A partir del 2014, el chef catalán quiere dar una nueva vuelta de tuerca al concepto de restaurante. Con un formato como el actual, es imposible seguir creando, dijo.
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Adriá es uno de los cocineros más prestigiosos del planeta, su restaurante, El Bulli, en la provincia catalana de Gerona, tiene tres estrellas Michelín y en el 2009 fue elegido por cuarto año consecutivo como el mejor restaurante del mundo en la clasificación que elabora la revista británica Restaurant.
Abre seis meses al año solo para cenas, con un menú cerrado que se cambia cada temporada. En su carta, cuyo precio medio por persona ronda los 415 dólares, se han servido platos sorprendentes, como erizos gratinados, cortezas infladas de piel de bacalao, escabeche de pato al vino tinto y lomo de conejo con pies de cerdo y caracoles, entre otros.
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El Bulli atenderá las reservas que tiene en lista de espera durante este año y el próximo. Como es habitual, servirá comidas durante la temporada de junio a diciembre, que abre. Después tendrá un periodo de reflexión hasta el 2014.
A partir de entonces, según dijo Adriá, no sabe si su restaurante servirá comidas para una persona o para 1.000. Será un nuevo El Bulli. Durante el periodo de reflexión e investigación, Adriá y su equipo analizarán las elaboraciones, técnicas y estilos tras 30 años de trabajo y trayectoria creativa.
Adriá, de 47 años, abandera desde hace años el movimiento de la llamada cocina molecular. Es decir, manipula los alimentos y los somete a procesos tecnológicos que permiten convertir un tomate en granizado, una manzana en gelatina o mezclar sabores aparentemente antagónicos para crear una tortilla de leche y yogur.
Antes de Adriá hubo otros chefs que decidieron darse un respiro o renunciar a la carrera a las estrellas. Uno de ellos fue el francés Olivier Roellinger, que cerró su local de tres estrellas en Cancale (oeste) en el 2008, cuando tenía 53 años, por cansancio físico.
Alain Senderens, chef del Lucas Carton de París, renunció a las tres estrellas que Michelín le concedía desde hacía 28 años, en el 2005, porque quería algo menos ampuloso y mucho más agradable.