Unos lo ven como el “descubrimiento” de América tras la llegada de los españoles. Otros,  como el Día de la Raza por un “encuentro de dos mundos”. Para los indígenas, sin embargo, el 12 de octubre de 1492 empezó una lucha en contra de  la esclavitud,  de la inequidad y de la  desaparición de su cultura y cosmovisión que, aunque no en las mismas condiciones, mantienen hasta hoy.

Son 517 años de resistencia, como lo denomina el colectivo que ha conseguido ¬levantamientos, paralizaciones,  cierre de carreteras y hasta muertes  de por medio¬ gestas reivindicativas históricas en el país.

Entre ellas, su  emancipación económica con la eliminación del llamado “trabajo gratuito” y los  cobros de diezmos e impuestos especiales, la posesión de tierras comunales, reformas agrarias más favorables con la abolición de latifundios, el reconocimiento de su plurinacionalidad y territorios y, más recientemente, su  ingreso a la política partidista-electoral.

¿Pero tiene un peso real para  el poder y su toma de decisiones? ¿Qué tan efectivos han sido para pasar de la resistencia a la propuesta, de la defensa a la acción? Con los masivos levantamientos de la década de los noventa, los indígenas  ganaron mayor  influencia     en la correlación de las   fuerzas políticas.

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Tras su protagonismo en los derrocamientos de Abdalá Bucaram y Jamil Mahuad, y  la creación del movimiento Pachakutik, en 1995, se abrió el espacio  electoral y la primera llegada de   indígenas al Congreso. Sin embargo, el reto del movimiento   ¬según su dirigencia¬ es tener una participación  real en las decisiones políticas.

 “Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa”. El presidente Rafael Correa,   vestido con   camisa de bordados tradicionales y hablando en kichwa durante sus enlaces, intentó aplacar con esta frase  la tensión del último enfrentamiento con  la Confederación de Nacionalidades Indígenas    (Conaie).  ¿Pero en qué consiste ese tramo que los separa?

Puertas adentro de Carondelet y de las organizaciones de base  hay un ambiente de desconfianza. Más allá de las demandas y ofrecimientos para levantar el paro, las palabras de ambos aún suenan extrañas.

El ‘mashi’ (compañero)   Correa   es aceptado con reservas, pues ese mismo   Correa   ha impulsado, en contra de los pedidos de las bases, un proyecto de Ley de Aguas y una Ley  Minera que no cuadran con una exigencia vital de las comunidades: la no explotación de recursos naturales en sus territorios.

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Jorge León, investigador del Centro para la Investigación y el Desarrollo de los Movimientos Sociales, reconoce que la relación   Gobierno-indígenas se ve trastocada. Primero, porque el Ejecutivo tiene una lógica extractivista para obtener recursos. Segundo, porque Correa considera que las organizaciones no son representativas porque no han ganado elecciones.

Un  tercer motivo se ancla en   la intención oficial de lograr la mayor concentración de decisiones en el Estado  y, más precisamente, en la Presidencia.

“Es el presidente que ha estado más cerca a los indígenas, pero su modo de concebir el proyecto político, lo puso en disputa, asegura León”.

Pablo Ospina, magíster en Antropología, cree que las mesas de diálogo que se han creado ayudarán al Gobierno a entender a los indígenas: “Antes, durante   el primer periodo, no había nadie que hable con la Conaie... Manuela Gallegos (ex secretaria de los Pueblos) no tiene la menor idea del tema”.

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La discusión de fondo, sostiene, es la plurinacionalidad, que es entendida por Correa  “exclusivamente como una serie de autonomías territoriales; mientras que para la Conaie atraviesa todo el manejo del Estado”.

Álex Remache, especialista en Derechos y Políticas Públicas de la Universidad Andina, ve   una   deficiencia en los nexos con  las bases. “La gestión de Correa es de poca tolerancia y una muestra de incapacidad para escuchar y arribar a consensos... La movilización logró sentar al presidente al mismo nivel de los indígenas”, señala.

¿Por qué la corriente que se presenta como “de izquierda” no ha logrado captar las aspiraciones indígenas? Ni la izquierda ni la derecha, asegura Mónica Chuji, ex secretaria de Comunicación de   Correa y  ex asambleísta de PAIS.

“El movimiento indígena ha cuestionado muy fuerte a la clase de derecha, pero también a    la izquierda  tradicional que no ha tenido la capacidad de entender los derechos colectivos, que son diferentes  a los individuales. La revolución  ciudadana no toma en cuenta a los sujetos colectivos. Solo al ciudadano”, dice.

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 El movimiento, que pasó de ser reivindicatorio a convertirse en un actor político activo, ha cometido  errores en la transición. Así lo cree  el sociólogo   Lautaro Ojeda,  autor de   publicaciones y libros sobre   indígenas, quien cree que la alianza y   ruptura con Lucio Gutiérrez  le significó un fraccionamiento del cual no acaba de recuperarse.

“Hay avances en igualdad, al menos en términos constitucionales, pero también problemas. Aún vemos un paternalismo estatal, ese que ‘se sirve  de’...  Por  haber sido marginados social y políticamente les es más complejo enfrentar la democracia y su participación en ella. No es fácil quitarse de encima años de resistencia, más cuando no se crece en las condiciones más favorables”, considera.

Pero no se trata únicamente de estar presentes en instancias de poder, según   Lourdes Tibán, una de los siete   indígenas en la Asamblea, sino de la visión que se tiene desde el poder. “¿Cómo es que en tiempos de izquierda el indígena tiene que levantarse, como con la derecha, para hacerse escuchar?  Son 517 años de resistencia, pero todavía hay rasgos de un coloniaje”, cree.

Tibán refiere que es evidente en los comentarios y acciones del Ejecutivo. “Si hay indígenas preparados, con criterio, ¿qué son? ¡Poncho dorado! Peor si gana lo mismo que el mestizo. Si me ven en un 4x4 han de decir ‘de dónde robaría’... ¿Qué ministro indígena vemos? Solo están en mandos medios o bajos  y en instancias indígenas”.

Participación
ANTERIORES GOBIERNOS


Sixto Durán Ballén
Crea la Secretaría de Asuntos Indígenas y Minorías Étnicas. Luis Duchicela es nombrado  su secretario general.

Abdalá Bucaram
Crea el Ministerio de Etnias y nombra a Rafael Pandam.

Lucio Gutiérrez
Designa a Luis Macas como Ministro de Agricultura; a Nina Pacari, Canciller; Lourdes Tibán, subsecretaria de Desarrollo Humano y Rural del Ministerio de Bienestar Social; Antonio Vargas,  Ministro de Bienestar Social.

Alfredo Palacio
Nombra a  Tibán secretaria ejecutiva del Codenpe.