Desde hace años Sudáfrica reivindica su capacidad para organizar el Mundial-2010 de fútbol, el primero celebrado en el continente negro, pero antes tendrá que demostrar su capacidad organizativa en la Copa de las Confederaciones que recibe a partir del 14 de junio.
Una criminalidad récord, transportes públicos inexistentes y unas infraestructuras muy desiguales alimentan las dudas de quienes no creen en la capacidad de Sudáfrica de para guiar el desarrollo de este evento que reúne a las selecciones de fútbol campeonas de todos los continentes.
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En él se dan cita, además del país sudafricano, Italia, campeón del mundo de fútbol, España, Brasil, Egipto, Iraq, Nueva Zelanda y Estados Unidos.
Por el momento, la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) está satisfecha por la preparación acometida por el país anfitrión. "Estamos contentos, los estadios están preparados", afirmó la portavoz de la organización internacional en Johannesburgo, Delhia Fischer.
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La renovación de las cuatro sedes en los que se jugarán los partidos de la Copa de las Confederaciones, en Johannesburg, Pretoria, Rustenburg y Bloemfontein, terminaron en el plazo previsto.
Desde un punto de vista de la seguridad, en un país en el que 50 personas mueren cada día víctimas de crímenes violentos, la policía está lista para desplegar 10.000 agentes más en las cuatro ciudades en las que se disputaran los encuentros.
El éxito organizativo registrado en mayo con el desarrollo del campeonato indio de cricket (IPL), que tuvo que mudarse a Sudáfrica por motivo de un acampaña electoral agitada en la mayor democracia del mundo, ha tranquilizado a los responsables del Mundial sudafricanos.
"Hemos hecho un buen trabajo con el IPL pero les toca ahora a los organizadores de la Copa de las Confederaciones el probar que también son capaces de organizarla", estimó el analista económico Ulrich Joubert del grupo de servicios financieros Kruger International.
Pero todo no está tan avanzado como quisieran los responsables sudafricanos porque no funciona el primer sistema de transportes públicos del país, que debía llevar a los espectadores desde los barrios populares de Johannesburgo hacia el estadio de Ellis Park.
Los conductores de minibuses colectivos, organizados como una verdadera mafia, no están dispuestos a perder el monopolio que controlan para los desplazamientos de millones de sudafricanos.
Frente al riesgo de enfrentamientos, el Gobierno sudafricano prefirió retrasar las negociaciones con este lobby.
Pero el problema más inquietante que han encontrado los responsables de la organización del Mundial es la promoción de la Copa de las Confederaciones, una misión cuyo éxito depende tradicionalmente de la población del país anfitrión, del que se espera que llene los estadios a un 85 por ciento de su capacidad.
Las ventas de billetes comenzó muy lentamente, a falta de un marketing apropiado y por un sistema de reserva de entradas por Internet y através de bancos a los que sólo tienen acceso una minoría.
Sólo el cuatro por ciento de una población del país mayoritariamente pobre tiene conexión a Internet. Sin embargo, las compras se aceleraron con la puesta en venta de las entradas en taquilla, un sistema al que están más acostumbrados los aficionados al fútbol sudafricanos.
Una semana antes del pistoletazo de salida para la competición futbolística, todavía quedan 425.000 entradas por vender, una cifra que corresponde al 70 por ciento de los billetes no reservados por los patrocinadores y responsables del torneo.
Para la Copa de las Cofederaciones, la FIFA se resignó a adoptar el método más apropiado por los sudafricanos aunque el desafío sigue siendo mayor de cara al año próximo, en el que Sudáfrica recibe la máxima competición de selecciones de fútbol.