Una razón del bajo rendimiento en las 46 mil hectáreas de  papa que se establecen por año en el país (10 t/ha)  es la mala calidad y sanidad de la semilla, que generalmente multiplica el mismo productor.

Suelos contaminados de virus y un mal proceso de obtención de la misma hacen que se amarillen las hojas y venas de las plantas, se queden enanas y salgan papas deformes, parecidas a un muñeco. Las pérdidas pueden superar el 50% y la mejor alternativa de evitar el alto riesgo es contar con una semilla certificada, libre de virus.

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Hasta ahora el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (Iniap) con el apoyo del Centro Internacional de la Papa (CIP) y unos 26 semilleristas privados ofertan menos del 3% de las 60 mil toneladas del insumo que se requiere anualmente.

Opinan semilleristas
César Hurtado, uno de los pocos proveedores registrados y el más viejo en la actividad, dijo  que la volatilidad del precio interno del producto perecedero y la poca conciencia de utilizar semilla garantizada  hacen que a veces haya tenido que botarla a la olla cuando el agricultor sale mal librado económicamente y  hasta piense en abandonar  el negocio, aunque ahora solo la venda por contrato.

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“Si no existe una acción del Estado que promueva a través del crédito a los semilleristas, cada vez seremos menos”, reclamó Marcelino Imbaquingo.

Pequeños papicultores de Chimborazo, Tungurahua, Bolívar y Cotopaxi organizados en Conpapa, pretenden llenar este vacío y no depender de lo poco que les da el Iniap. Treinta de ellos se  capacitan para  dedicarse a la obtención de semilla, lo cual requiere de mucho cuidado y alta inversión.
“Queremos producir a nivel nacional y servir. Así evitaremos importarla”, observó uno de sus directivos, José Toalongo.

Semilla libre de virus
En uno de los laboratorios de la Estación Santa Catalina del Iniap se reproducen por  un lapso de dos meses  cien miniplantas  libres de virus de las variedades fripapa y superchola, que en el vivero modelo del CIP crecen en condiciones controladas y bajo el sistema aeropónico, es decir, que cada plantita que llega en un tubo de ensayo no se coloca en el suelo sino en un hoyo de una lámina de plumafón. En máximo  15 días se adapta al medio al tiempo que desarrolla su sistema radicular que descuelga como hilachas del plumafón. Es un ambiente oscuro y rociadas cada 15 segundos con una solución nutritiva, estas crecen a razón de 2 a 3 cm por día.

La idea del CIP, según Fabián Mostesdeoca, es que 3 o 4 semilleristas adopten el sistema con una inversión inicial de 21 mil dólares y que el departamento de semillas del Iniap respire. De cada planta  mantenida aeropónicamente se recoge  de 30 a 50 minitubérculos semilla de 25 a 30 gramos de peso, a un costo de 15 centavos/unidad y tres veces por encima del sistema tradicional, con poquísimas posibilidades a  infectarse de patógenos. “Cabe recordar que  la semilla es el insumo más caro, dependiendo de la categoría de 4 a 5 mil dólares por hectárea”, señaló el técnico del Centro Internacional.

El CIP es un organismo que aprovecha al cultivo de papa en la lucha contra la pobreza y trabajos en proyectos de mejoramiento del cultivo, en aspectos de mejorar el rendimiento, buscar variedades más adaptables al cambio climático, a la sequía, heladas,  por ejemplo, y de acuerdo a su representante  en Ecuador, Viert De Bievre,  hay mucho por hacer al notar los bajos rendimientos y el consumo percápita.

“El vegetal tiene ventajas comparativas con otros alimentos. Su consumo aún es poco en este medio y puede incluirse harina de papa para elaborar pan”, señaló el funcionario. Frente a la crisis financiera mencionó que no ha golpeado aún a las arcas del CIP, pero estima que es un reto bien grande para responder más efectivamente a las grandes demandas que tiene la sociedad mundial.

La FAO situa a la papa como  el principal cultivo mundial no cerealero, con una producción total que alcanzó un récord de 325 millones de toneladas en 2007. Más de la mitad de esa producción provino de países en desarrollo.