La percepción ciudadana sobre la Comisión de Tránsito del Guayas (CTG) continúa siendo negativa. Así lo revela un sondeo realizado a 307 choferes, cuyo 42,7% considera que los uniformados ahora quieren más dinero que antes.

El sondeo también  destaca las mejoras en los  servicios de la CTG, como entrega de licencias y matriculación; sin embargo, los conductores creen que todavía se debe trabajar por mejorar el trato al usuario.

El director ejecutivo de la CTG, Ricardo Antón, considera falsos los cuestionamientos de la ciudadanía. Asegura que se está trabajando en  limpiar todo vestigio de corrupción en la entidad.

Hace tres meses, un sábado en la madrugada, un vigilante de la CTG detiene, en las calles Los Ríos y Nueve de Octubre al taxi  conducido por Max Duche. Le pide la matrícula, lo mira y le dice “usted está tomado”.

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“No, señor, no tomo ni fumo”,  responde el taxista. El oficial le pide cinco dólares “para evitarle el  problema”. Duche rechaza y es retado a ser  llevado a la Prevención. Él contesta  que con “gusto lo acompaña”.

En el trayecto a la Prevención, el vigilante a bordo de un patrullero lo detiene dos veces en busca de “un acuerdo”. La última vez le dice “ya estamos llegando”, Duche le responde que “sí, adelante”, pero al llegar al lugar los uniformados  aceleran el automotor y huyen.

Los oficiales de guardia de aquella madrugada se echan a reír al escuchar lo contado por Duche y le dicen que si quiere sustentar la denuncia por intento de cohecho  debe cancelar  $ 60 por la prueba de alcoholemia por lo que desiste y se retira a su trabajo.

Ahora Duche suelta una carcajada con  indignación y coraje al recordar ese episodio y lamenta que, según él, la imagen de la CTG  en lugar de mejorar, empeora.

 Otro taxista, que prefiere no identificarse,  cuenta que hace dos semanas, mientras circulaba con su primo, fue detenido por un vigilante, quien le acusó de ‘piratear’ y le pidió 5 dólares,  pero como él solo tenía 3, no aceptó y giró la citación con la multa por 100 dólares.

Recuerda que en otra ocasión, hace unos tres meses, fue amonestado por exceso de velocidad y tras darle 3 dólares el vigilante le dijo “vaya nomás”.
“Ahora ya han subido, antes hasta un dolarito cogían, ahora es de cinco para arriba”.

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Los cuestionamientos a elementos de la CTG se arrastran   desde hace décadas. Esa percepción se acentuó   en estos días  tras las críticas del director de la CTG, Ricardo Antón, a un cuadro exhibido en la Universidad Católica donde se mostraba a un buitre con el uniforme y el casco de la institución.

Una encuesta contratada por este Diario a la firma Perfiles de Opinión y realizada a 307 conductores  revela que del total de la muestra, 82,7% opina que los vigilantes siguen pidiendo coimas y de ellos, el 42,7% refiere que los uniformados ahora quieren más dinero que antes.

El sondeo también  destaca las mejoras en los  servicios como entrega de licencias y matriculación, en donde el 22,8% la califica como buena y 57,7% evalúa esta gestión como muy buena. Pero también piden mejoras en el trato, facilitar los trámites, entre otros.

Las críticas  al comportamiento de los vigilantes no solo se queda entre los comentarios en la ciudadanía, esa percepción también se mide  en sitios de páginas web como guayaquilcaliente.com y apesta.com, en espacios donde se registran quejas por mal servicio.

Cambiar la imagen deteriorada de la institución fue una de las principales metas de Ricardo Antón al asumir la  gestión en febrero del 2007, y si bien la ciudadanía destaca  cambios positivos en lo administrativo, sin embargo subraya que en    la mayoría de vigilantes persiste la corrupción.

El afán de mejorar la imagen de la CTG, creada en junio de 1948  no es reciente.

La corrupción entre el personal  tiene décadas de vigencia,  de nada sirvieron  las campañas  iniciadas sobre todo en las últimas  administraciones.
En 1999, Guillermo Lasso, presidente de la CTG de ese entonces implementó entre otras medidas el número telefónico 1-800-103-103 para receptar denuncias de corrupción.

En junio del 2000 se estableció la prisión de 6 meses a 3 años al conductor que coime al vigilante, mientras que el uniformado que recibe dinero, con 1 a 5 años. En dos meses, 213 conductores y 20 vigilantes fueron  sancionados.
 
Campañas para mejorar la imagen, incremento de sueldos como un incentivo para evitar la corrupción, instalación de cámaras de video para detectar a los infractores  fueron parte de otros programas impuestos en la dirección de Octavio Jarrín entre 1999 y 2001 y en la de  Roberto Pólit, 2003 - 2007.

“El problema es de formación”, coinciden Isidro Bravo y  Gonzalo Chango, miembros de la Unión de Taxistas del Guayas desde hace 40 años.

Precisamente esa es una de las principales sugerencias de los encuestados, quienes insisten en la capacitación del personal, además de mayor vigilancia y cambio de personal.

Contingente
Un total de 2.091 vigilantes prestan servicio en toda la provincia y más de 1.700 en Guayaquil.

Responsabilidad
La Comisión de Tránsito advierte la responsabilidad de los conductores en contribuir a contrarrestar la corrupción entre los vigilantes.

Sondeo de CTG
Según una encuesta de la institución dirigida a 1.500 personas, 70% de ellos conductores, el 58% considera que la atención en el área de Matriculación es buena.