Guayaquil, nuestra querida ciudad, no cesa de recibir continuas agresiones en  contra de su autonomía. Ya no nos extraña la serie de actos que –desde que se iniciara la nueva administración gubernamental– han tenido efecto. Cada una de sus  entidades e instituciones ha sido objeto de impugnaciones, cuestionamientos y por último cercenamientos, como el doloroso caso de la Península.

A jirones se la trata de dividir, destruir o liquidar. Porque  la provincia del Guayas, con su capital Guayaquil, siempre se distinguió por ser uno de los ejes de la vida republicana del Ecuador. Progresista gracias al esfuerzo y tesón de sus hijos propios o avecindados. Por algo es crisol de la nacionalidad.

Esto no se lo puede perdonar.  Eternos enemigos, encumbrados ventajosamente por la oportunidad que disfrutan en el actual gobierno, han aprovechado para “mover” el brazo de uno que se dice ser “hijo”, para destrozarla y frenarla en su desarrollo. La Autoridad Portuaria, la Categ, la CTG, ahora el aeropuerto... mañana será la terminal terrestre, y así poco a poco se la irá desmembrando de sus instituciones representativas, legítimamente constituidas. Como dice nuestro Alcalde, Guayaquil no pide (nunca lo hizo), solo quiere que la dejen trabajar y seguir convirtiéndose en la hermosa urbe, ejemplo para las demás del país y de América.

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Gladys Isabel García,
Guayaquil