Gonzales es el latino que más alto cargo ha desempeñado en el gobierno de EE.UU. y era considerado la encarnación del “sueño americano”.

Segundo de los ocho hijos de trabajadores emigrantes en las plantaciones de algodón de Texas, fue  el primero de su familia en ir a la universidad. Se graduó en Harvard y llegó a Vinson and Elkins, una influyente firma de abogados en Houston, fue asesor del presidente, fiscal general y secretario de Justicia.

Consejero legal de Bush cuando era gobernador de Texas, le tocaba opinar y eventualmente recomendar el perdón en algunos casos de pena capital pero nunca lo hizo, porque al gobernador no le hubiera convenido políticamente aparecer como débil ante  el delito.

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El presidente Bush, tras ganar la presidencia, lo nombró consejero legal de la Casa Blanca y luego fiscal general. Sus críticos dicen que ese puesto lo logró por su lealtad y porque  es un yes-man (“sí, señor”) que siempre busca la manera, y los huecos legales, para darle gusto al actual gobernante de los Estados Unidos.

Gonzales fue uno de los inventores del término de “combatiente enemigo” creado con la intención de que no se respete la Convención de Ginebra, y tras el  11 de septiembre del 2001, por esta figura legal, EE.UU. pudo abrir el centro de detenciones de Guantánamo.

“Siempre le dice a Bush, aunque no sea verdad, que tiene autoridad para hacer lo que quiere”, manifestó Jonathan Turley, profesor de leyes en la Universidad George Washington.

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Ayudó a preparar en el  2002 el memorando para “redefinir” la tortura, en el que avala prácticas como el “submarino” (amarrar al interrogado en una tabla y sumergirlo en agua). Fue uno de los impulsores de la ley antiterrorista, o Ley Patriótica, aprobada luego del  11 de septiembre del  2001.