No podemos confundir la falta de valores con la educación. No me refiero a la educación que se imparte en las escuelas sino a la que damos a nuestros hijos y no tiene clase social.
El respeto, la cortesía, la educación de decir “buenos días”, de no botar basura en la calle, etcétera, eso se adquiere en el hogar, donde se aprende a tratar con las personas. En esta ciudad, uno puede sentir muchas veces en carne propia la carencia de esto.
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Vivo en un barrio tradicional al sur de la ciudad, temprano, un domingo, se parqueó un bus afuera de mi casa (me extrañó ya que está prohibido el ingreso de buses en el área residencial). Lo habían alquilado para traer a unas 60 personas a una misa de requiém en un templo del sector. El problema surgió cuando dos hombres se pusieron a hacer sus necesidades biológicas frente a mi puerta sin considerar que mi hija de 12 años estaba en el patio de la casa jugando.
Al ver eso mi esposo y mi hijo salieron y estas personas y sus acompañantes del bus respondieron con improperios, bajo el lema de que “somos pobres y como ustedes tienen, creen que son dueños de todo”.
Las personas pueden ser pobres, pero eso no quita que sean decentes.
Llamamos a la Policía y a excepción de uno de sus miembros que habló con esas personas pidiéndoles que se retiraran, los demás solo fueron espectadores y respondieron que no estaban cometiendo ningún delito, y que la vía es pública.
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¿Es o no es prohibido orinar en la calle? ¿Arrojar basura no es una falta a las ordenanzas? ¿Hacer escándalo y obstruir la propiedad privada no es delito? Había un hombre que mostraba un celular y decía que tenía un pariente policía y que nos íbamos a arrepentir. Es decir, ¿si tengo un pariente en la Policía estoy sobre la ley?
Raquel Mármol Huerta,
Guayaquil