El día que aprendió a leer fue uno de los más felices de su vida. Era entonces un niño. El día que visitó Alemania y no pudo entrevistar al escritor Heinrich Böllh porque le dijeron que el autor estaba en la   Selva Negra, donde tenía una casa y allá no veía a nadie, supo que ese era el camino.  En esa época, 1982, Hernán Rodríguez Castelo  era ya  crítico de arte y literatura, catedrático, escritor, especialista en gramática, autor de libros y director de publicaciones. Y  tenía dependencia laboral.

De regreso al Ecuador, alquiló su vivienda  del centro de Quito, donde residía, y se mudó  al Valle de los Chillos, con su familia, a una casa campesina. “Rompí. Nunca más clases. El arriendo de la casa sirvió para cubrir gastos, más las cosas propias de la condición de escritor, y comencé la liberación”, recuerda.

Acabaron los horarios, la dependencia laboral. Disponía de su tiempo, como Böllh. Y desde ese lugar apartado de la ciudad, pudo dedicarse por entero a la investigación.  Uno de los productos de ese trabajo individual y minucioso es el  Nuevo diccionario crítico de artistas plásticos del Ecuador del siglo XX, que presentó recientemente y es la versión renovada y aumentada de un libro que publicó en 1992.

“Antes tenía 400 páginas, este tiene 800. Antes  tenía 400 artistas, este más de 600. Recoge el anterior, pero  a la vez es nuevo, por eso se titula  Nuevo diccionario”, dice   Rodríguez Castelo. El volumen es casi como la biblia del arte en el Ecuador. Él lo sabe y manifiesta que eso no hace sino llenarlo de una responsabilidad mayor.

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Como  es un diccionario crítico, ha hecho una selección.   Está el artista que el autor considera debe estar. Para el escogimiento se  ha regido por ciertos parámetros:   “Que hayan hecho  por lo menos tres  individuales.  Pero no lo tomo  como  una condición sine qua non, ya que  hay artistas que no les gusta exponer. He ido a los talleres y  analizado la  obra. También la participación en  salones y  los comentarios. Cuando un crítico hace un comentario le sigo la pista al artista, aunque hay   comentarios de compromiso y esos no los tomo  en consideración”, anota.

Están pintores, escultores y artistas que trabajan en nuevos soportes, que es la tendencia de los últimos años. “Es la moda, de tal manera que la gente joven cree que es lo que hay que hacer y que lo otro ya no vale nada”,  lamenta Rodríguez Castelo. “Hay gente que pone cuatro, cinco cosas y lo llama instalación”,  afirma. “¿Eso  es válido?”, se pregunta, pero a la vez responde: hay  que estar abierto a todas las corrientes del  arte.

Y  pese a que  en la actualidad promociona el  diccionario, dice  que la crítica de arte no es el centro de su producción en estos momentos, sino  la historia de la literatura ecuatoriana  que lleva adelante hace años.   Trabaja en el periodo 1800-1860. Luego vendrá  el romanticismo, el modernismo y    la década del 30.   “No sé si me alcance el tiempo para dar algo más.  Entretanto, trato de seguir al  día de lo que es la literatura  contemporánea”, refiere. 

Su alto nivel de producción se lo debe a su método, indica.   “La clave es haberme liberado de todo. No tengo dependencia laboral con nadie.  No doy clases.  Doy cursos, pero nada más y como no tengo compromisos no tengo que dividir mi atención y yo sé desde que me levanto en lo que voy a trabajar”. Sin embargo, este académico de la lengua, padre de tres hijos y abuelo de cuatro nietos, no renuncia a actividades como nadar y      trabajar  en la huerta o   el contacto con la naturaleza.

Obras como el diccionario, él las llama de suma, de síntesis, libros que no se pueden hacer sino a determinada edad.  Son una combinación de investigación, lecturas y experiencia.

DICE ÉL

HERNÁN RODRÍGUEZ
“En mi casa hay un clima crítico, nunca se cuelga en la pared una obra de arte si no es una obra excelente”.