El conservador Felipe Calderón asume hoy como presidente de México, en una nación que en lo político está dividida en dos tras las elecciones que lo llevaron al poder y de la cual sus opositores argumentan que se fraguó un fraude en contra del líder izquierdista Manuel López Obrador.

Ante ese escenario, desde el martes pasado, legisladores afines a Calderón y del Partido de la Revolución Democrática (PRD) –de López– se disputan (ese día incluso con puños) el estrado del salón plenario de la Cámara Baja, los primeros para garantizar la ceremonia de asunción y los segundos con el deseo de boicotearla.

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La bancada de izquierda informó que estaría dispuesta a no bloquear la posesión siempre que se realice en un sitio distinto al pleno legislativo y no vaya el presidente saliente Vicente Fox, mientras diputados del PAN dicen que no hay tiempo para cambiar el lugar.

A la ceremonia han sido invitados 89 mandatarios de todo el mundo, de los cuales han confirmado su presencia 14 jefes de Estado.

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Calderón, el segundo presidente salido del conservador Partido Acción Nacional (PAN), deberá recibir la banda presidencial de manos del mandatario saliente Vicente Fox, ante la presencia de los representantes de los tres poderes y de los invitados.

Pero legisladores del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y otros movimientos de izquierda amenazaron impedir el acto por considerar que el triunfo de Calderón, con apenas el 0,56% de la votación total sobre Andrés Manuel López Obrador, fue resultado de un fraude.

Ayer, decenas de manifestantes del PRD bloquearon el acceso a la Cancillería y pidieron a las personalidades extranjeras “abstenerse de asistir” a la ceremonia.

Tras su posesión, Calderón dará un discurso en el Auditorio Nacional, pasará revista en el Campo de Marte a las Fuerzas Armadas, como su comandante supremo, y en la noche cenará y mantendrá reuniones bilaterales con los mandatarios invitados en el Alcázar del Castillo de Chapultepec.

Tareas pendientes
El actual presidente, Vicente Fox, quien arrebató la presidencia al Partido Revolucionario Institucional (PRI) tras más de siete décadas en el poder, fue en el 2000 en el primer presidente de la alternancia.

Calderón recibe un país con altos índices de pobreza y desempleo, que han provocado una hemorragia de emigrantes, y un Estado casi desbordado por la violencia del narcotráfico, sumido en augurios económicos de desaceleración y caída de los ingresos petroleros, pero sobre todo en una profunda crisis política, dividido y polarizado, en el que su contrincante, López Obrador, ha sido proclamado “presidente legítimo”.

Analistas señalan que Fox dejó pendientes al término de su mandato (2000-2006) las grandes reformas que prometió y necesita la democracia mexicana, y perdió la oportunidad que le ofrecía la etapa de la alternancia política de cambiar el país, con críticas a la falta de avances en protección en derechos humanos, falta de mano firme e indiferencia hacia la crisis social.

Para el historiador del Colegio de México, Sergio Aguayo, Fox, “se engolosinó con el poder” y “terminó mimetizado con aquellas prácticas que había denunciado” y que practicó el PRI, pese a lo cual en un sondeo de diario El Universal,  obtuvo el 67% de aprobación.