Hace un año enviudé y empecé mi calvario en el IESS. No entiendo cómo personas que trabajan en una institución pública que tiene que ver con los sentimientos y necesidades de muchas personas, sean tan indolentes a la desgracia ajena.
Traspapelaron mis documentos por dos meses, y cuando al fin alguien me dijo con quién podía hablar, me amenazan diciéndome que debo esperar todo el tiempo que crean conveniente porque no hay tiempo para revisar mi trámite.
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Luego de eso, se fueron de vacaciones, pidieron permiso por enfermedad, y mi documentación volvió a atrasarse por dos meses más. Hasta que finalmente cuando logré que cobraría la cesantía, me topo con la amarga noticia de que no sabían nada de que mi esposo había fallecido y que debo nuevamente entregar papeles que constaten su muerte, más una posesión efectiva para poder empezar recién el trámite.
¿Será que debo esperar otro año para que me devuelvan los fondos de mi esposo? ¿Cómo es posible que una viuda con un hijo deba pasar esta agonía para que le entreguen los fondos de reserva de su cónyuge? ¡Qué sería de mí y de mi hijo si yo no hubiera conseguido a los pocos días de mi viudez, un trabajo temporal!
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En mi largo recorrido por el IESS veo mi mismo caso en otras viudas con la mirada perdida e hijos en brazos. ¡Por favor, ayúdennos a las viudas!
Mónica Santana Cedeño
Guayaquil