Mario Campaña, autor ecuatoriano que llegó a Barcelona, España,  en 1992 y que desde febrero ha echado raíces en París, cosecha elogios con su biografía sobre el poeta francés.

El autor ecuatoriano Mario Campaña ha sacado a la luz una nueva arista sobre la vida de Charles Baudelaire mediante la obra  Baudelaire.
Juego sin triunfos (editorial Debate 2006), una biografía del poeta francés que a dos meses de su publicación no deja indiferente a nadie.

Campaña, que llegó a Barcelona en  1992 y que desde febrero ha echado raíces en París, cosecha elogios con su obra pese a que en algún momento temió una cierta reacción negativa.

Su relación con el personaje no es nueva y hace dos años, cuando se atrevió a publicar una selección y traducción de cartas de Baudelaire, un crítico creyó necesario recordarle públicamente que “Baudelaire es el mayor poeta de Francia”, al considerar que el ecuatoriano no había tratado con el suficiente respeto a una de las mejores plumas de la literatura europea.

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Pregunta: ¿Qué lo impulsó, Mario,  a desentrañar la vida del mítico poeta francés a través de Baudelaire. Juego sin triunfos?
Respuesta: Observo y pienso insistentemente en la forma de existencia de los individuos en esta época, en cómo ha de vivir un hombre o una mujer de hoy para realizar sus aspiraciones y necesitaba explicarme cómo un joven elegante, fino, brillante como Baudelaire, sin duda uno de los grandes cerebros europeos del siglo XIX, había terminado como un paria, perseguido por acreedores, hemipléjico, toxicómano y sifilítico.
En mi propia vida tengo dos ejemplos que me han llenado de pesar: el caso de mi tío, el dibujante Rafael Betancourt, que conoció días de gloria en la prensa guayaquileña en los años cincuenta, y murió después en la indigencia, y el de César García, mi profesor de Filosofía del colegio, brillante y de familia acomodada, para cuyo entierro fue necesaria la caridad pública. Con todas las diferencias de proporciones que se quiera, en el fondo era lo mismo. Ese fue el impulso mayor para este trabajo: necesitaba entender eso. Y lo entendí. La vida de Baudelaire es un caso paradigmático de cómo la sociedad del lucro condena al artista a la indignidad o la miseria.

Por otro lado, pensé que la intimidad con la vida y la obra de un poeta universal como Baudelaire no podía sino serme beneficioso,  y que iba a darme, como poeta, lecciones que de otro modo jamás llegaría a tener.
Para intentar librarse de ese destino,  el artista desarrolla todo tipo de maromas que hay que ser capaz de mirar fuera de toda mitología.
Así que todo ello me lanzó a una empresa que a muchos le pareció demasiado audaz. Un amigo de París me decía que ni siquiera los franceses se atreverían a hacer algo así. Y, sin embargo, tengo la impresión de que esta biografía fuese mi principal carta de presentación en París.

P: ¿Qué hay detrás del enfant terrible de la literatura francesa?
R: Mucha leyenda, mucho mito, mucha sobreprotección de los países a sus clásicos. Está la leyenda del poeta maldito, que no transigía y despreciaba las instituciones, la del incorruptible, el insobornable, el parricida, el toxicómano, el alcohólico, el héroe impoluto y otros eslóganes que han terminado simplificando la verdadera envergadura del personaje y su obra. Me refiero, aclaro, al ámbito de la cultura en castellano, es decir, a España e Hispanoamérica.

Baudelaire era infinitamente más que toda la leyenda y los mitos que lo han rodeado hasta ahora. Si hubiera sido un simple toxicómano, un pequeño rebelde a la disciplina paterna,  no habría provocado las revoluciones literarias que provocó, ni habría iluminado como hizo toda la teoría estética moderna. La lucidez, el rigor intelectual, su endiablada capacidad de trabajo, su obsesivo afán de gloria, su magnífica furia, y muchas cosas más, a las que me refiero en mi libro, deben ser pensadas otra vez, observando mayor pulcritud con relación a los hechos y la cronología de su vida. Yo he tratado de caminar en esa dirección.

P: ¿Cree usted que Baudelaire es una ‘flor del mal’?
R: Desde el punto de vista de Baudelaire, todos lo somos, pues él creía que todos tenemos dentro el mal como condición irrevocable, como esencia ineluctable, que ha hecho explosión en el mundo moderno, el mundo de las grandes ciudades. Quizá él tuviera razón y el jardín en que vivimos no dé más que flores malsanas.
Ahora bien, Baudelaire fue el primero que se atrevió a explorar todo ese mundo, el primero que aprendió a ver cuánta terrible grandeza, cuánto heroísmo podía haber ahí, el primero que quiso expresar su belleza, aun desde una perspectiva moral sui géneris, con la convicción de que, como escribió el poeta Agrippa  D’Auvigné, “la virtud no es fruto de la ignorancia”.

P: ¿Usted asume el papel de psicólogo al analizar la vida de Baudelaire?
R: No. Eso es precisamente lo que he querido evitar. Sartre hizo un famoso psicoanálisis existencial de Baudelaire tomando como punto de partida un rasgo muy conocido del artista adulto, lo que se conoce como “la superstición de la diferencia”, y obtuvo conclusiones que no pueden ser verificadas en los hechos de su vida, especialmente en la infancia.
Yo he preferido ceñirme a los hechos, a lo que está documentado. Me temo que mientras ese nivel estrictamente biográfico no esté suficientemente depurado, toda interpretación psicológica no hace más que contribuir a la confusión y la leyenda. Creo que fue Aristóteles quien escribió que los hombres sufren o son felices por sus hechos más que por sus ideas. Así que yo preferí seguir los hechos de Baudelaire y de su tiempo, y he tratado de entender su obra siempre en relación con su vida práctica.

P: En Juego sin triunfos hace referencia a la posición de Baudelaire de oponerse a la sociedad del lucro, al mercantilismo de la cultura. ¿Ese mercantilismo existe actualmente?
R: Desde luego. En todo occidente, la cultura pasó a ser una mercancía a mediados del siglo XIX, es decir, empezó a estar sometida a las leyes de la oferta y la demanda, arrastrada por los principios generales de las sociedades del lucro, que tienen como lema “dejar hacer, dejar pasar”, tanto en la economía como en la cultura.
Baudelaire supo ver como nadie que a cambio del confort, Europa y Estados Unidos estaban entregando, perdiendo toda su vitalidad y su energía, y las bases mismas de su civilización, aliados con lo que él llamó “literatura democrática”, eso que hoy, más degradada aún, se conoce como literatura de masas, la que lisonjea los sentimientos más conservadores y mezquinos de la sociedad. Baudelaire intentó vivir en ese mundo pero no pudo, pues no transigió con lo fundamental, con su obra. Entonces declaró y vivió su guerra particular. Y terminó, como todos sabemos, en la miseria y con la posteridad esperándole con los brazos abiertos.

P: ¿En qué se diferencia Juego sin triunfos de otras biografías escritas sobre Charles Baudelaire?
R: Prefiero que sea la crítica la que se pronuncie sobre eso. Yo he intentado sortear los tres peligros mayores que asechan a alguien que escribe sobre un clásico como Baudelaire: la hagiografía, la leyenda y el anecdotario. He trabajado con la convicción de que lo social, o más bien lo ético-político, influyó en su vida de un modo determinante, o en todo caso mucho mayor y más perdurable que el que se ha admitido en otras biografías, hasta donde yo conozco.
Por otra parte, y para ceñirnos solo a la lengua castellana, quizá se pueda decir que esta es la primera biografía moderna que se escribe sobre Baudelaire. Las otras dos, obras de Ramón Gómez de la Serna y César González Ruano, se escribieron antes de que se dieran a conocer documentos fundamentales sobre la vida y la obra del poeta, como su correspondencia completa, sus libretas, sus diarios íntimos, sus obras póstumas, difundidos a partir de los años cincuenta. No sé si he logrado lo que me propuse.