En la cinta Desátame actúan actores de la televisión local y también conocidos drag-queens de discotecas.

Presentación: Interior, MAAC cine, noche. Show en vivo del drag-queen Wagner Basilio, fonomímica de una canción a ritmo de pop en inglés. La productora Janeth Paredes y el director Christian Fuentes se presentan, dan la bienvenida a los asistentes y dejan bien en claro todos que “antes de criticar hay que intentar hacer algo así” –o sea una película–. Tras ese preámbulo empieza a proyectarse Desátame, nuevo mediometraje ecuatoriano realizado por Urbana digital.

Nudo. La película fue grabada en formato HDV (High Definition Video) y más allá de sus limitaciones técnicas –propias del bajo presupuesto– fue un trabajo arriesgado, temas como la indecisión de la orientación sexual y la homofobia, son polémicos. Argumento interesante que cae, irremediablemente, en el melodrama y esta es la principal razón de las incongruencias de los personajes. La manipulación de la trama en pos de un efecto la vuelve predecible y va de la mano con personajes estereotipados y unidimensionales.

Pese a sus esfuerzos, aflautar la voz y amaneramiento no fue suficiente para que Juan Carlos Salazar sea convincente en su papel de gay-drag queen, pero tuvo la intención. A Wagner Basilio, su iracundo rol antagónico y su acento brasileño, dificultaron cualquier entendimiento, aunque no había mucho que entender, era el malo y punto.

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Jéssica Angulo tampoco es actriz, sin embargo, lo hizo con honestidad. David Reinoso, en su pequeña participación, brindó, sin esforzarse, los momentos más cómicos de la cinta. Pero, el verdadero mérito de actuación –pese a que se estaba interpretando a sí mismo– fue para Rudy Arana, quien con su simpatía y sentido del humor, dio el alma a este filme.

El afán de hacer reír fue evidente, sobre todo en la primera parte. Se cayó en la tentación de narrar, de contar la fábula (la historia total), de justificar, de explicar a través de los personajes. El arte no necesita de explicaciones.

Desenlace. Risas, aplausos, caras de satisfacción. Vale recalcar que aparte de escribir el guión y la dirección Christian Fuentes fue responsable de la edición, graficación, fotografía, iluminación, efectos especiales; lo hizo casi todo.

Es meritorio el deseo  de Fuentes de incursionar seriamente en este formato pero, a veces, no solo bastan las buenas intenciones. (CC)