‘Quiero limpiar mi imagen y dar la vuelta olímpica con Barcelona’.
La Bala Perdida encontró el rumbo. Lo creen todos, hasta sus más acérrimos detractores. Todos, excepto él. Wagner Rivera volvió al fútbol y lo hizo de la misma manera en que desapareció de él: ‘volando’ por la banda derecha y jugando a gran nivel.
“Yo sé que hay mucha gente que no quería que esté acá, que prefería que desaparezca y que no juegue nunca más. Por eso, cuando me operé y mi rodilla quedó bien, decidí demostrarle a todos que sí podía volver al mismo nivel de antes, porque mi problema no era extrafutbolístico ni tenía nada que ver con todas esas cosas que siempre se dijeron; era, simplemente, una rodilla destrozada que ya no servía”.
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Es su verdad. Pero Wagner es consciente de que no le quedan más que dos o tres años de carrera profesional. Por ello, su anhelo es dejar una buena imagen que borre del imaginario aquel magro concepto que sigue vigente y que, según él, se lo creó la prensa.
“Muchos periodistas dicen que cambié y por eso volví a jugar. Pero yo no cambié nada porque no me arrepiento de nada, solo cambió mi rodilla que ahora está bien y que me permite estar otra vez en la cancha. Yo siempre me cuidé e hice las cosas como las tenía que hacer, porque para todo hay tiempo y yo hice mis cosas en su debido tiempo”.
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¿Qué cosas? Sonríe y se niega a decirlas. Rivera sabe que en su pasado hay páginas turbias, pero aclara que no siempre la verdad coincidió con lo que de él se dijo.
“Todos tenemos problemas, no hay una sola persona que no los tenga, mucho menos si es un personaje público. Siempre tuve inconvenientes, aun cuando no era yo el del problema, pero solo por estar ahí terminé pagando los platos rotos.
Desafortunadamente estuve en lugares equivocados, en momentos equivocados, y terminé muy mal parado”.
No reniega de ello. Tampoco de haber llegado al fútbol brasileño “en chulla pierna”, como asegura. Solo lamenta que al haber estado lesionado no pudo jugar para borrar esa mala imagen que se tenía de él, pues está seguro de que “cuando uno hace un gran partido la gente se olvida de todo lo demás, así haya tenido un problema el día anterior”.
“En Brasil sí lo pude hacer. En Flamengo no tuve inconvenientes. Llegué, entrené, debuté y nunca fui suplente. Hice una gran campaña. Lamentablemente, fui lesionado, con el menisco roto y con una artrosis en la rodilla derecha que me obligaba a inyectarme Voltaren antes de los partidos, hasta que se dieron cuenta y decidieron no comprarme”.
Rivera tuvo su segunda oportunidad y no la ha desaprovechado hasta el momento. Desde que ingresó al cambio contra la Espoli no aflojó la titularidad.
Por ello no deja de soñar. Sueña con ganarle hoy a El Nacional, con dar otra vuelta olímpica con Barcelona, con jugar el Mundial.