A las 16h00 de hoy, en el MAAC Cine se proyecta la cinta Las mantenidas sin sueños, de la argentina Vera Fogwill, que ganó el Festival Cero Latitud. La directora estará allí para dialogar con el público.
Vera Fogwill se hallaba en la cafetería del hotel, ocho horas antes de que se diera la noticia de que su producción, Las mantenidas sin sueños, consiguiera el premio a la mejor película en el Festival Iberoamericano Cero Latitud, que se desarrolló en Quito.
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Era difícil reconocerla después de observar su ópera prima. No se parece a Florencia, el personaje que representa en el filme y que ella creó en el guión. La actriz y directora de 33 años es sencilla y amable, dice amar a su trabajo, que ha ido desde el teatro hasta la literatura, la música y el cine.
En su obra retrata sin tapujos a una serie de personajes que viven en la desidia, renunciando a toda forma de trabajo, ante una sociedad basada en el progreso, pero que en realidad está sumida en una profunda crisis a todo nivel.
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En medio de este caos de la vida de su madre, drogadicta, embarazada y sin un objetivo, Eugenia (Lucía Snieg), una niña de 9 años, descubre poco a poco un mundo caótico, que no promete nada más que un presente, sin ideales, con choques entre generaciones y donde ya no se piensa en el futuro.
Pregunta: ¿Cómo construyó el guión?
Respuesta: Era una trilogía sobre gente que dependía económicamente de otras personas. Estaba el personaje de la madre y la hija inspirado en una amiga de la infancia, que era una gran promesa, pero que se quedó embarazada muy joven.
Cuando su hija creció se transformó en una persona irresponsable que dependía de otros.
Quería hablar de un grupo de mujeres que se sostenían unas a otras y también de todo lo que tiene que ver con la cultura del trabajo. A mi generación, en los años ochenta, nos enseñaron que había que romperse por un futuro que nunca llegó.
P: ¿Trató de enfocar el choque generacional?
R: Es una guerra generacional. De madre, hija y nieta. Las madres de clase media nos educaron, para mí, con boludeces, de tener un trabajo y un título. Hay mamás que casi no vivieron con sus hijos para que tuvieran un futuro y luego se dieron cuenta de que no se trataba de eso. Que todos los ideales que pusieron en ellos se venían abajo.
P: ¿Cuál es su posición sobre el tema?
R: Hay una crisis moral, entendiéndola como el estado del ser humano. La gente se dio cuenta de que por más que te esfuerzas no encuentras trabajo y vives en medio de mecanismos injustos y de corrupción. Mi generación vivió la ausencia de un ideal, no hubo un motivo. Quería retratar estos y otros aspectos, como la feminidad, planteando varias preguntas, antes que cerrar la película con un moño y con una mirada moralista sobre el mundo.
P: ¿Cómo logró que el personaje de Eugenia (la niña) transmitiera naturalidad?
R: Es una nena que tenía una personalidad diferente. La preparé durante un año, quería que se divierta trabajando. Mantuve una relación maternal sin que se diera cuenta y apliqué varias técnicas teatrales que conozco. Un niño o niña es lo más noble que hay a nivel emocional. Ellos saben con quién quieren estar. En nuestro caso nos entendimos bien y disfrutamos.
P: ¿Fue difícil, como directora, hablar con una niña de drogas o aborto?
R: No le leí todo el guión a la nena. Cuando me preguntaba qué significaba tal cosa, yo le decía qué te parece a vos. Ella me dijo que el aborto era tirar a un hijo por el inodoro. Entendió que era el no deseo de un hijo y era perfecto. No tenía que explicarle más. Manejamos los contextos y no tuve que martirizar a la niña.
P: ¿Su obra intenta decir que existen cosas más terribles que la crisis económica?
R: Exactamente eso es para mí esta película. La crisis económica se viene retratando hace muchos años. En cambio la crisis moral que no tiene que ver con lo económico, sino con lo social, no es algo que está muy estudiado.
P: ¿Está consciente de que su filme es diferente a la mayoría de películas del cine argentino y latinoamericano?
R: Sí, quería hacer algo diferente. La ironía y el humor negro no son algo que están representados en el cine argentino. Tampoco el trabajo de actores con tonos y estados de ánimo. Sentí que había un vacío y por eso me decidí a realizar este proyecto.
La crisis económica se viene retratando hace muchos años. En cambio la crisis moral que no tiene que ver con lo económico, sino con lo social, no es algo que está muy estudiado.
Vera Fogwill, cineasta.