Sanados por Cristo, para vivir una vida nueva y plena
1.- El mensaje de la Palabra de Dios
Resalta la actitud y la palabra de Jesús, que sana, salva y restaura la dignidad de la persona integrándola en la vida social.
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Solo la fe en Jesús, como la del samaritano, es la que trae la salvación.
El primer fruto de la salvación es el reconocimiento de la bondad de Dios, que actúa a través de Jesús, y que despierta en nosotros el agradecimiento.
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El camino de la salvación está abierto a todos, sin ningún tipo de exclusiones.
2.- ¿Qué compromiso nos pide el Señor?
Expresar, al Señor, nuestro agradecimiento-respuesta con una vida nueva.
Creyente es la persona que, al recibir el don de Dios como el leproso samaritano, responde al Señor con una vida nueva.
Para que los leprosos judíos, Jesús, era un simple curandero, que sanándoles, no les hizo cambiar de vida.
El samaritano, en cambio, encuentra en Jesús algo nuevo y regresa a darle gracias por el cambio que se ha realizado en su cuerpo, ha empezado a cambiar su vida; y por eso se pone al servicio de Jesús que le introduce el campo del amor de Dios.
Nosotros, hoy, a través de los sacramentos, nos ponemos en contacto con el Cristo resucitado que nos ofrece su fuerza curativa. Pero los frutos, de ese encuentro, dependen de nuestra fe, y de nuestro auténtico deseo de cambiar de vida.
Si descubrimos en Jesús al Hijo de Dios y nos abrimos a su amor, viviremos la experiencia del samaritano, y sanados y salvados, por Él, regresaremos agradecidos al encuentro del Señor, dispuestos a vivir una nueva relación de fe y de amor con Él.