Lunes 13 de septiembre del 2004 Música

Héroes del Silencio, la banda de rock en español que no siguió estereotipos

QUITO | Jorge Imbaquingo, redactor

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Portada del disco Avalancha, el último disco en estudio que grabó (en 1995) la ahora desintegrada banda española Héroes del Silencio. Esta banda se caracterizó por las poéticas letras de su líder Enrique Bunbury (d).

¿Por qué una banda, con un sonido tan pop –tan desastroso– en su disco debut, llegó a ser considerada fundamental en la historia del rock en español? La respuesta parece indescifrable, pero gracias a El mar no cesa, el grupo Héroes del Silencio (HDS) pisó sobre las cenizas del rock latino y avivó un nuevo fuego, totalmente inédito.

El mar no cesa (1988) no es un mal disco. Es su grabación la que lo desmerece a los oídos de los seguidores de la banda que conoció a HDS por sus discos posteriores.
Nunca abandonaron su marca: letras bien trabajadas, arpegios complicados y una base rítmica impecable.

HDS tocaba con ese nombre desde 1984, cuando sus integrantes originales, Enrique Ortiz de Landázuri, los hermanos Gonzalo y Juan Valdivia, tenían entre 14 y 15 años. Antes eran Zumo de Vidrio. Gonzalo salió de la banda para seguir sus estudios fuera de Aragón, España, y se unieron Joaquín Cardiel (bajo) y el baterista Pedro Andreu.

Durante tres años ganaron fama en el circuito rockero aragonés. Tanta que un buscatalentos de la disquera Emi llegó de incógnito a uno de sus conciertos, en 1987. Luego de verlos, les ofreció un contrato. Hicieron un EP titulado Héroe de Leyenda, que fue grabado durante una semana. A finales de año, se habían vendido 30 mil copias.

Para 1998 llegó la época de grabar el LP. Se dejaron embaucar por las técnicas de grabación de aquel entonces.
Las baterías fueron secuenciadas, con lo que su sonido tomó un matiz tipo pop acartonado. Esa tendencia se dio porque quien les hizo el contrato con Emi era Gustavo Montesano, hombre vinculado al grupo de pop Mecano.
Pero a pesar de esa grabación, canciones como El estanque o Mar adentro hacen que esa atmósfera artificial (ese sonido plastificado) fuera llevable.

El disco fue un éxito en España. Llamaba mucho la atención esa ambivalencia de un rock ligero y la imagen de chicos lejanos, sin sonrisas, vestidos de negro, cantando unas líricas casi cifradas en versos boudelieranos.

Para su segundo trabajo no hubo presiones. Allí se vio el verdadero potencial de HDS. Senderos de Traición (1990) se grabó con una batería totalmente ambiental, que demostró el potencial de Pedro Andreu. La producción del disco estuvo a cargo de Phil Manzanera, el ex guitarrista de los británicos Roxy Music.

Manzanera ideó que la línea del bajo se grabara al mismo tiempo que la percusión.

Luego, se puso atención a la elegancia de la interpretación de la guitarra de Juan Valdivia, entre lo clásico español y el estilo tipo Slash (una técnica de composición asociada a Slash, el ex guitarrista de Guns n´ Roses y actual integrante de Velvet Revolver).

Finalmente, Enrique (que dejó atrás su largo apellido por el simple Bunbury, sacado de un personaje novelesco de Oscar Wilde) le dio un tono barítono a su vocalización.

Senderos de traición fue una bofetada a todos quienes habían tildado a HDS como una banda pop. Su estilo fue bien acogido, la popularidad del video de Entre dos tierras en MTV Europa. Canciones como Senda, Maldito Duende y La carta, hicieron que HDS saliera de España: Alemania los acogió, derribando el muro del idioma.

La banda se tomó tres años para sacar su tercer disco, El espíritu del vino, quizás, el mejor. En él, Bunbury sacó toda su poesía tiránica, con la capacidad de sumergir al público en los abismos de su mente. Eso sí, apoyado por una banda cañera, con estilo propio. Solo basta escuchar La apariencia no es sincera, Tumbas de sal, Bendecida 2.

El último disco de estudio de la banda, Avalancha (1995) mostró una necesidad de renovarse tras diez años de llevar juntos. El guitarrista mexicano Alan Boguslavski se sumó al grupo, cambiaron de productor, de representante, incluso –supuestamente– de línea lírica. Le cantaron a la inacción de una sociedad mediatizada. Pero esas letras más explícitas no se desembarazaron de la plasticidad literaria de Bunbury. Basta oír Días de borrasca. Sino, dejarse llevar por La chispa adecuada, Opio o Iberia sumergida.

En ese punto, HDS hizo una gira mundial, que los trajo a tocar, a mediados de 1996, en el coliseo Rumiñahui, en Quito. Antes de salir a escena, Pedro Andreu escribió en el bombo de su batería: “mucha policía y poco Rock n roll”.
Al inicio, un inadaptado lanzó una lata de cerveza en la frente de Bunbury. El concierto casi termina, pero él regresó al escenario y la banda tocó durante dos horas.

Finalizada la gira, HDS firmó un contrato por cinco discos más. Pero así como habían roto con el pasado, también rompieron entre ellos. Bunbury hablaba del fin de HDS y el resto del grupo decía que no pasaba nada. ¿Suplantar a Bunbury? La sola idea era imposible. Así que cumplieron el contrato. Sacaron dos recopilaciones dobles y un disco de lados B, al que llamaron Rarezas (1998).

En los tiempos felices de la banda, Bunbury había dicho: “Tenemos los típicos mosqueos que surgen en cualquier tipo de convivencia, pero es una suerte estar en un grupo con tus mejores amigos”. Para entender el fin de su relación con HDS, hay que mencionar que en la canción Babel, del disco  Rarezas, Bunbury trabajó en sesiones diferentes a las de sus compañeros, lo que explica muchas cosas.

Ningún miembro de HDS ha hablado abiertamente del motivo real de su rompimiento. Más allá de eso, su legado fue dejar en claro que es posible hacer rock en español sin seguir los protocolos, la estética, ni la vanguardia anglosajona. Basta saber que aún mantienen una legión de admiradores en Alemania, Suiza, Finlandia y toda Latinoamérica.

Notas

En la actualidad Enrique Bunbury lanzó hace tres meses su quinto álbum como solista, llamado El viaje a ninguna parte. Antes editó Radical Sonora (1998), Pequeño (2000), Pequeño cabaret ambulante (2001) y Flamingos (2002).

Juan Valdivia presentó en el 2001 su disco independiente Trigonometralla, con canciones instrumentales, uno de los más vendidos en la internet, en España.

Pedro Andreu dejó la batería por la guitarra al fundar su grupo Puravida, en el que ha colaborado Enrique Bunbury.

Joaquín Cardiel ya no está más en la escena musical, por iniciativa propia. Contribuyó en la supervisión y edición de los últimos discos compilatorios de HDS.

Alan Boguslavski fue guitarrista de Bunbury en Radical Sonora. Luego fundó su propia banda Bogusflow, con la que publicó un disco homónimo en 1999. En 2002 editó un disco como solista titulado The art of waiting.

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