Según especialistas, la pausa que hacen los menores mientras roncan les da la sensación de ahogo.

Nelson Hidalgo recuerda aquella vez en que a su hijo, entonces de cuatro meses, se le presentó un problema de ronquido. Él desconocía el mal que le aquejaba.

El pequeño Sebastián, que ahora tiene cuatro años, había nacido con hipertrofia (aumento de tamaño) en las adenoides y reflujo gastrointestinal (vomitaba gran parte de lo que ingería). El leve ronquido en el pecho fue creciendo hasta que el sonido ya era alarmante y había la sensación de que se ahogaba.

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Hidalgo llevó a su hijo a varios médicos, pero nadie le pudo detectar el motivo del ronquido. Fue a los dos años de edad en que un galeno le diagnosticó una enfermedad que nunca había oído: Apnea del sueño.

Iván Chérrez, neumólogo especializado en Alemania y Argentina, afirma que la apnea son esas pausas prolongadas que hace una persona al respirar mientras está dormida. “Que parece como si se estuviese ahogando o asfixiando, ya que se asocia con un latido irregular del corazón, alta presión sanguínea y ataque cardiaco”, dice.

Chérrez sostiene que no es normal que un niño ronque mientras duerme.

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En el caso de Sebastián, al ronquido se le sumó otra afección, la congestión en la parte alta de las vías respiratorias, que le provocaba ahogo mientras dormía y deformidad en el pecho. “En cierta ocasión lo llevé pálido y con los labios morados, la situación era desesperante... angustiante”, recuerda Hidalgo.

Los médicos creyeron que el niño tenía asma, pero no era así porque la crisis se terminaba siempre al despertarlo, relata el padre de Sebastián.

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Chérrez agrega que la apnea también ha sido implicada en algunos casos de síndrome de muerte súbita infantil.

Para detectar si una persona tiene apnea del sueño, el especialista realiza un examen por medio de un polisomnograma (equipo que monitoriza el sueño), que mide la actividad respiratoria, cerebral, muscular, niveles de oxígeno en la sangre, y graba los ronquidos o jadeo.

Chérrez explica que cuando los niveles de oxígeno están por debajo de lo normal (97% y 98%) el paciente no recibe aire y comienza a liberar sustancias adrenérgicas que hacen que la presión y la frecuencia cardiaca suban de forma brusca. Esto provoca complicaciones, como hipertensión pulmonar y alteraciones del corazón. En el caso de Sebastián, se decidió una operación urgente para sacarle las amígdalas y las adenoides. La recuperación del menor fue inmediata, concluyó Hidalgo.

Otras causas

Verónica Baquerizo, otorrinolaringóloga, indica que son muchas las causas para que un niño ronque y depende de cada una el tratamiento a seguir. Una de las causas está relacionada con el sobrepeso. “En los niños gorditos, su estructura anatómica obesa contribuye a que el menor sea un roncópata y por consiguiente a tener problemas respiratorios, por lo tanto hay que controlar el peso con dietas”, sostiene.

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La desviación del tabique también podría ocasionar el ronquido, pero esta solo puede detectarse a los 2 o 3 años. La cirugía no es lo más recomendable porque el niño está en crecimiento. Hay que cuidar que el pequeño no tenga gripes que podrían generarle una sinusitis que dificultaría su respiración al dormir.

 La edad más apropiada para la operación es 12 años para las mujeres y 14 para los varones, porque es cuando termina el desarrollo, acota Baquerizo.

Otras de las causas son las alergias como la rinitis y el asma. La alergia es de tipo genético y podría desencadenar un problema asmático que sería la causal principal de adenoiditis hipertrófica (aumento de tamaño de adenoides).

Iván Chérrez expresa que en caso de que un menor presente hipertrofia de amígdalas y/o adenoides, el problema se resuelve con operación, pero para ello es necesario evaluar al paciente y además hacerle un estudio para saber cuál de los tejidos está ocasionando la molestia.

TENER EN CUENTA

Otros signos
El niño puede tener problemas en su crecimiento, los de edad escolar se ven desanimados, en los hiperactivos o con trastornos también se ha encontrado asociación con ronquidos, y a otros podría causarle enuresis (orinar en la cama).

Posibles complicaciones
Hipertensión arterial, arritmia, hipertensión pulmonar, muerte súbita, alteraciones del corazón.

Cuidados
No exponer al niño al polvo, no bañarlo con agua helada, evitar las gripes, no usar almohadas de lana, no utilizar ventilador, poner el aire acondicionado bajo, controlar el contacto con los animales.