A todos los gallos que van a pelear se les coloca la “pata pioja” o espuela, que se saca del pescado cotame. Después de pelear por tres minutos el gallo rojo venció al jabado (llamado así por sus plumas de distintos colores). En su pescuezo había manchas de sangre y su plumaje estaba alborotado por el forcejeo.
Mientras combatían en el ruedo de la gallera El descanso de Pepe, ubicada en el kilómetro 7 de la vía Perimetral de Guayaquil, los apostadores azuzaban con insultos a las aves para que se dieran picotones y espuelazos, hasta que ganara el más feroz.
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¡Dale, carajo! ¡Dale duro hijo de...! ¡Métele la espuela hijo de...! Las frases se escuchaban en medio del bullicio y de fondo sonaban las canciones de Jenny Rosero Compárame con ella, y de Carmencita Lara Penas negras.
Como el jabado cayó dos veces al piso y no se pudo levantar, el rojo fue el vencedor y los galleros que habían apostado a su favor ganaron 100 dólares. En el transcurso de aquella tarde de domingo se dieron más peleas entre otros gallos, mientras en la vía los carros corrían a más de 90 kilómetros por hora y una suave brisa invadía la edificación de caña con ruedo de cemento.
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En ese pequeño lugar a veces las apuestas, dependiendo de la raza, destreza y coraje del gallo, llegan a 500 dólares. Ahí como en las demás gallerías de Guayaquil y el país la palabra del gallero es palabra de caballero y se cumple sin necesidad de papeles firmados ni amenazas. El gallero apuesta, y si pierde, se acerca a su oponente a pagarle.
Cuando aparece por el lugar alguno que se va sin pagar, no se lo vuelve a recibir.
Generalmente uno de los gallos competidores es de la casa de José Espinoza, de 54 años. Él instaló su gallería en la Perimetral hace tres años y la atiende con la ayuda de sus cuatro hijos y su esposa Claudina. Se siente orgulloso de su oficio y cuida con esmero los 300 gallos que tiene y que permanecen en los casilleros de caña que circundan el ruedo o cancha donde se enfrentan los animales.
Claudina los alimenta con trigo, quinua, maíz, avena y balanceado, todas las mañanas. Los días de pelea, que generalmente son los fines de semana, y se rigen al calendario que elabora José Espinoza, llegan más de 80 personas, no solo de Guayaquil sino de Salitre, Milagro, Manabí y la península de Santa Elena.
La entrada cuesta $ 1 y adentro los galleros y los que solo se dedican a apostar consumen cervezas, colas y cigarrillos.
Cuando hay concursos se dan de 20 a 30 peleas diarias, las que a menudo duran de 14h00 a 01h00. Walter Espinoza, hijo del propietario, recuerda que un 30 de diciembre las competencias estuvieron tan animadas que duraron hasta las 02h00.
José supervisa personalmente que el peso de los competidores sea igual, y que se le coloquen las espuelas de espina de pescado.
En sus dueños no hay pesar por la muerte de su gallos, para eso los alimentaron y cuidaron. Es la vida del gallero y del animal.