Al tiempo que acomoda a sus hijos en las aulas de una escuela local, la inmigrante argentina Cristina Astorga explica que, para estar al tanto del progreso de los chicos en el sistema escolar estadounidense, conversa casi diariamente con sus maestros.
Y cuando el maestro no habla español, se comunica con él por medio de gestos y señales.
Astorga y su esposo se mudaron a Miami en el 2000, para dar a sus hijos el futuro que en su opinión no podrían encontrar en Córdoba, su ciudad natal, afectada por una severa crisis económica y por el descontento social prevaleciente en Argentina.
Un futuro promisorio para sus hijos, reiteró. Eso es lo que buscábamos cuando vinimos a Estados Unidos.
La familia Astorga, compuesta por Fabián, de 12 años; Paola de 11, Ulises de 8, Christian de 6 y Kelsy de 17 meses, no es la única que trata de educar a sus hijos en las escuelas de Miami, una ciudad a la que cada día llegan 167 inmigrantes de diferentes países.
Unos 20.000 nuevos alumnos extranjeros se inscriben cada año en las escuelas locales, aunque el número disminuyó a 14.000 en el 2002 debido a las políticas más rígidas de inmigración.
Durante décadas, el cuantioso flujo de inmigrantes ha puesto a prueba al cuarto distrito escolar más grande de Estados Unidos, cuyas autoridades luchan por conseguir espacio para las clases, y cuyos maestros se esfuerzan por dominar la situación.
La ciudad de Miami y el condado de Dade tienen en conjunto más de 363.000 estudiantes.
John Schuster, portavoz del sistema escolar de Miami-Dade, explicó que ha podido pronosticar incrementos en la matriculación de estudiantes con sólo leer el diario y enterarse de las crisis económicas o políticas que surgen en países de América Latina.
Uno sabe que en un plazo de tres a cuatro meses veremos (a niños de esos países) inscritos en nuestras escuelas, comentó refiriéndose a las crisis de las naciones latinoamericanas.
Las aulas de Miami reciben un impacto mayor debido a la inmigración que cualquier otra zona metropolitana del país, dijo Steven Camarota, director de investigaciones del Centro para Estudios de Inmigración, con sede en Washington.
Lo que Miami experimenta también lo experimenta el resto del país, aunque en menor escala, sostuvo Camarota. Miami puede sufrir más en particular por la intensidad de algunas de estas experiencias, pero no es la única ciudad que padece el problema.
Pero las nuevas regulaciones sobre el tamaño de las clases de la Florida, que establecen que para el año 2010 deberá haber un máximo de 18 niños desde las guarderías infantiles hasta el tercer grado y de 22 alumnos entre el cuarto y el octavo grados, ejercerán nuevas presiones sobre el distrito.
Agustín Barrera, miembro de la junta escolar, dijo que el distrito no está preparado para cumplir con los nuevos requerimientos constitucionales porque no ha construido suficientes escuelas.
Barrera indicó que ha propuesto que un equipo especial estudie cómo reducir el tamaño de las clases en Miami-Dade, donde se estima que ahora hay de 26 a 27 alumnos en las clases de los colegios primarios.
Si no resolvemos nosotros mismos los problemas, lo hará el estado, advirtió Barrera.
El distrito deberá construir nuevas escuelas, rediseñar los límites escolares y probablemente eliminar cursos optativos, dijo.
Para Barrera, el hecho de desconocer cuántos estudiantes extranjeros llegarán a cada vecindario hace más difícil cumplir con las rígidas demandas dispuestas para limitar el tamaño de las clases.
Hace que sea muy difícil planificar, indicó.
Por ejemplo, en enero y febrero de este año, 500 estudiantes venezolanos se inscribieron en el suburbio de El Doral, al noroeste del condado, expresó Víctor Alonso, director ejecutivo de mejoras para las obras de infraestructura en el distrito.
Las autoridades escolares de Miami-Dade sostienen que además enfrentan obstáculos adicionales porque el estado de la Florida no cuenta a los inmigrantes cuando calcula cuánto espacio necesita el distrito para las clases.
En cambio, el estado utiliza las tasas de nacimiento para determinar el crecimiento en el distrito escolar.
Como resultado, las proyecciones de las autoridades estatales dejan de tener en cuenta anualmente a millares de estudiantes.
La baja de la corriente inmigratoria después de los ataques terroristas del 11 de septiembre y algunos cambios de actitud de las autoridades estatales han contribuido a resolver parte del problema, de acuerdo con las autoridades del distrito.
Las escuelas de Miami-Dade esperan recibir unos 72 millones de dólares del gobierno de la Florida para cumplir con los requerimientos del tamaño de las clases.
Tener una fuente adicional de financiamiento, cualquiera que sea, será una gran ayuda, consideró Schuster.













