Lunes 17 de marzo del 2003 Cultura

Jorge Enrique Abello quiere mejorar imagen de Colombia

Cristóbal Peñafiel, Redactor | QUITO

Giró la silla hacia la izquierda para mirar el televisor de 75 pulgadas de una sala del Swissötel. Fijó su atención en los avances de la telenovela La costeña y el Antonio. Podría parecer Don Armando, quien está con el terno plomo y camisa celeste igual al traje que le dio Ecomoda cuando fue protagonista en Yo soy Betty La Fea.

Pero ya no es él sino ‘el Antonio’. Sí, Jorge Enrique Abello, colombiano de 35 años, ahora encarna a Antonio, “un ingeniero exitoso de clase alta, inteligente, culto y ambicioso”. La telenovela se estrena hoy, a las 20h15, por Teleamazonas.

Abello mantiene los mismos gestos y la vivaz mirada que muestra en las telenovelas. No cambia y no quiere cambiar.

Pregunta: ¿La producción colombiana es exportable?
Respuesta: Los mexicanos lo hicieron; los brasileños, también. Y ahora nosotros. Eso es lo rico de todo esto.

P: ¿Ese es el mensaje que emite la nueva producción?
R: Es un álbum de fotos para mirarnos como cultura latina. Queremos encontrar la diversidad con la que construimos este continente.

P: ¿Quiere exportar de Colombia algo diferente a lo que se envía siempre al mundo?
R: Cierto. Se cree que los colombianos somos guerra y narcotráfico, pero la gran mayoría es emprendedora, trabajadora, quiere la paz, confía en las personas, ama y vibra.

P: ¿Con Yo soy Betty La Fea se logró algo de ese ideal?
R: Sí. Con Betty... ya empezamos y se trabaja para que esta producción vaya más allá. Que dé la vuelta al mundo y comenzamos aquí.

P: Abello dio la vuelta al mundo, ¿eso persigue: ser conocido mundialmente?
R: Eso es presente. Así como la juventud y la niñez. Mi trabajo es eso, jugar; volver a ser niño; solo los niños creen lo que hacen y como actor me toca creer en el juego.

P: Usted habla del presente. ¿Cómo se puede pintar el presente colombiano?
R: Está muy convulsionado. En Latinoamérica sufrimos por dirigentes corruptos que nos llevaron a la guerra y abandonaron el campo social, corazón de un país.

P: ¿Un olvido voluntario?
R: Sí, totalmente. Se olvidaron del campo, de los desamparados; de que el hombre trabaja para el hombre; que las ideologías son para servir, para educar, para resolver los conflictos racionalmente.

P: ¿Racional significa imponer el diálogo, la fuerza o la autoridad?
R: Ningún país se puede regir sin autoridad. Debemos respetarnos unos a otros sujetándonos a la ley y justicia.

P: ¿Tiene deseos de cambiarse de campo para ayudar a resolver los problemas?
R: No. Odio la política. Su esencia es muy complicada y no me atrae. Tengo clara mi función: entretener, divertir.

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