Esta exhibición, de características museales, es de indispensable visita, ya que se trata de un grupo que es referente para la historia de nuestro arte.

Para conmemorar los 25 años de la galería Madeleine Hollaender se inauguró el pasado martes una muestra que recoge parte de la obra y hechos artísticos generados por quienes formaron La Artefactoría. La historia de la galería, con su determinado apoyo, corre de manera paralela a las vidas de estos artistas, convirtiéndose en un fenómeno interdependiente en algunos sentidos

Esta agrupación guayaquileña se aglutinó en 1983 bajo la tutela y dirección del historiador de arte Juan Castro y Velásquez, quien los acompañó por cerca de dos años. Bajo este membrete trabajaron Xavier Patiño, Marco Alvarado, Flavio Álava, Marcos Restrepo, Paco Cuesta y Jorge Velarde.  Por diversos motivos sus filas fueron fluctuando hasta quedarse solo los tres primeros, quienes presentaron su última muestra como grupo en 1989 (Caníbales).

A diferencia de otros esfuerzos colectivos, como el grupo Crónica español en su tiempo (1964-1981), o Los Carpinteros de Cuba en la actualidad, las obras no fueron un producto colaborativo del conjunto, se mantuvo siempre la autoría individual de sus obras y propuestas, lo cual nos permite hacer distingos más objetivos entre lo exhibido.

Publicidad

La curaduría, asistida por Matilde Ampuero y Fabiano Kueva, acertadamente incluye –a manera de arqueología contemporánea– fotos, invitaciones, notas de prensa, valoraciones y otra documentación que recoge la actividad de estos artistas. 

La Artefactoría concretó probablemente el primer esfuerzo con relativa constancia por establecer en el país prácticas artísticas diferentes, que ya no se centraban, como en anteriores grupos contestatarios, exclusivamente en la pintura.
Admirable esto, ya que estaban en aquel entonces desprovistos de una sólida base conceptual.

De pronunciado contenido social y político su postura era motivada además por un rechazo frontal al arte de características decorativas y una denuncia tácita en contra de la ignorancia de sus consumidores. En lugar de afirmarse con características definidas, su conducta era guiada más bien por lo que no querían ser.

El grupo fue una manifestación urbana, hicieron de la sátira materia de su arte, bajo una óptica bizarra se mofaban críticamente del mundo que los rodeaba. Una estrategia radicalmente apartada de la desgastada conciencia social patetista de los pintores indigenistas, que por aquel entonces todavía estaba vigente en el mercado del arte.

Publicidad

A partir de 1987 el grupo preparó alrededor de seis ediciones de su manifiesto Pasquín; aunque las declaraciones “revolucionarias” en ellos contenidas suenen hoy en día un tanto trasnochadas, fueron, sin embargo, un signo de sus tiempos (recordemos que esta era la época del grupo subversivo Alfaro Vive Carajo).

En este sentido, es exquisito, pues el anuncio que publicaron en importantes diarios nacionales, en el cual invitan –con ocasión de la visita de militares norteamericanos al oriente–  a una muestra de arte (inexistente por cierto) en Lago Agrio, la nota concluye con un ocurrente lapsus antiimperialista: After exhibition please go home.

Entre las joyas que se desempolvaron encontramos un filme de Cuesta basado en la obra de Judith Gutiérrez (Primera revelación, Adán y Eva en el jardín, de Judith Gutiérrez, 1982); realizado hace 20 años tiene que ser esta una de las primeras piezas de video-arte producidas en el país.

Llama la atención además un pequeño dibujo de Velarde de 1984 titulado Romería de la fe, que ironiza la explotación comercial en torno a la canonización del Santo Hermano Miguel.  Los antiguos collage y acuarelas de Álava valen la visita, sus nuevos ensambles lo confirman como un prolífico arteobjetualista.

Publicidad

De Restrepo encontramos dos buenos ejemplos de su trabajo anterior (El cuerpo de Cristo de 1985 y Vendedor de ideas de 1984), esta obra se ha añejado bien y me hace meditar acerca de cómo hubiera evolucionado su quehacer sin la progresiva adopción por el artista de un lenguaje plástico más internacional.

De Alvarado se destaca su reciente Sesión espiritista de albañiles muertos (2002), instalación fotográfica suspendida del tumbado, en que se muestra, en pronunciado escorzo, roídos cuerpos desnudos en actitud de trance. Esta válida reflexión sobre materia y espíritu no será apta para ojos púdicos. Por su lado, despojado de todo recato, Patiño puso a todo el público en movimiento con la versión completa de su instalación Zona rosa (2002), que incluyó esta vez una bailarina exótica y su show de strip-tease.

Esta exhibición, de características museales, es de indispensable visita para todo diletante, ya que se trata de un grupo que es referente obligado para la historia de nuestro arte contemporáneo. Vaya con tiempo, la obra expuesta es extensa y el material escrito merece ser leído para formarse una idea cabal de lo que este pedazo de historia significó.

FORMAS

Publicidad

La exposición estará abierta hasta el próximo 10 de enero, en José Mascote 900 y Nueve de Octubre, esquina.

QUITO Y CUENCA
Los trabajos de La Artefactoría se presentarán el próximo 23 de enero en el Centro Cultural Metropolitano de Quito, y el 8 de mayo en el Museo de Arte Moderno de Cuenca.

CRONOLOGÍA
La exhibición, que puede visitarse de lunes a viernes de 10h00 a 13h00 y de 16h00 a 20h00, ocupa las dos plantas de la galería y está concebida en orden cronológico. Presenta fotografías, arte objetos, dibujos y pinturas.

PÁGINA WEB
La galería tiene su sitio en la red. La dirección es www.galeriahollaender.com. Allí se puede encontrar la historia de la sala, que hace 25 años fundó Madeleine Hollaender.