El mar, la educación y las letras son parte de la vida de este marino guayaquileño.

Francisco Enrique Pita Pita mantiene un entrañable amor por el mar y aprovecha cualquier diálogo para poner de manifiesto aquella pasión.

Sus libros de poesía y prosa El mar y yo, Buen viento y buena mar, Altamar, y  un disco compacto de canciones marineras también exaltan ese indestructible vínculo.

Incluso con su exitosa carrera de muchos años en la Marina Nacional  y la creación de la Academia
Naval Guayaquil rubricó su vocación e identidad con el mar al que él  llama “amigo en la soledad, alegría, tristeza, aventura y hasta en la muerte”.

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El comandante Pita Pita sonríe al comentar que por poco se desvía a otra actividad, pues en su adolescencia le gustaban las “farras y como tenía buena voz y guitarra, siempre era de los primeros invitados”.

El robo del instrumento durante un sereno lo hizo  desistir de las “jaranas” y pensar en que al terminar la secundaria en el Vicente Rocafuerte ingresaría a la Escuela Naval.

Aunque en sus ancestros no hubo marineros y solo su abuelo materno Ricardo Pita formó parte del Ejército, revela que algo de su interior lo llamaba a formarse como hombre de mar.

Al respecto recuerda que las aguas del río Guayas y del estero Salado siempre lo atrajeron; más de una ocasión se escapó con sus compañeros de bancas y de barrio para alquilar canoas y emprender pequeñas travesías durante el cambio de mareas de nuestro legendario sistema fluvial.

Navegante incansable
A la Escuela Naval ingresó en 1939. Por constar entre las primeras antigüedades lo becaron a la Escuela Naval Chile y después de exitosos estudios se graduó de alférez de fragata en 1943.

En la Armada del Ecuador desarrolló una recomendable labor y llegó al grado de capitán de fragata.
Navegó a bordo de la fragata Guayas y comandó el BAE Atahualpa.

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Participó en cinco Maniobras Unitas, con delegaciones de Estados Unidos y otras naciones americanas, como jefe de Operaciones y Comunicaciones del Estado Mayor de la Escuadra ecuatoriana.

En 1967 entró al servicio pasivo y se dedicó a la enseñanza;  desempeñó el rectorado de la Academia Naval Almirante Illingworth por tres años y enseguida fundó su propio plantel, la Academia Naval Guayaquil, que aún dirige y tiene filiales en Milagro, Babahoyo y Quevedo.

Sostiene que “todo en la vida es cuestión de inspiración y nada de obligación” y que por eso fundó su colegio, para continuar con la tarea de inculcar  honor, civismo y sentido de patria a sus alumnos.

Como siempre gustó de la literatura, además de sus libros con temas sobre el marino y del mar, prepara una autobiografía sobre los campos en los que trabajó y dio su aporte.

El folleto Creo en Dios, que contiene 36 poemas al Ser Supremo, lo entregó al párroco de Puerto Azul para  su publicación.

Es autor de los doce pasillos que grabó Hugo Enríquez en el disco Saber que te amo y de los himnos de la Escuela Naval, Dirección de Educación del Guayas, del cantón Isidro Ayora y de otros centros educativos.

Francisco Pita Pita recuerda que viajó mucho y que en una ocasión se enamoró de Alicia Kappés, hermosa mujer de los mares del Sur  que se convirtió en su esposa, compañera inseparable y primera y mayor inspiradora. 

Sus nueve hijos fueron alumnos de la Escuela Naval y solo uno permaneció allí pocos meses, pues prefirió estudiar leyes. 

Si volviera a nacer dice que desearía ser marino, pero hasta que eso suceda  pide a Dios una muerte en alta mar “con las algas como flores y que aquel viaje no tenga fin”.

MUY PERSONAL

NOMBRES
Francisco Enrique Pita Pita.

ESPOSA
Estuvo casado con Alicia Kappes Clement,  fallecida.

HIJOS
Tuvo nueve hijos: Alicia, Cecilia, Francisco, Patricio, Rodrigo, Oswaldo, Mónica, Paulina y Alexandra.

CARGOS
Otras importantes funciones que desempeñó fueron:  jefe de Estado Mayor de la I Zona Naval, jefe de Comunicaciones del Estado Mayor de la Armada y edecán naval del presidente de la República, Carlos Julio Arosemena Monroy.