Es delgado pero tiene las manos anchas y llenas de callos por dedicarse casi toda su vida a la carpintería y ebanistería. Pero Bonifacio Crespín Mite no se queja, más bien se siente orgulloso y complacido de un trabajo que en los últimos años le ha deparado “éxitos y ganancias gracias a la habilidad que Dios me dio”.