En un mundo que está cada vez más consciente del cambio climático, la descarbonización en la cadena de valor se ha vuelto en una prioridad para las empresas que buscan mantenerse competitivas y responsables con el medioambiente. Esta transición no solo ayuda a reducir los costos operativos de las industrias a través de la optimización energética y la valorización de sus residuos, sino que también fortalece su reputación corporativa y cumple con las metas de sustentabilidad globales.

Leonardo Urich, key accounts director de Veolia para América Latina, señala que el trabajo no solo recae en las empresas, sino que también requiere del compromiso de los Gobiernos y la sociedad. Explica que la presión de los consumidores, cada vez más informados, impulsa a las marcas a acoger prácticas sostenibles, ya que “la voluntad política y la voluntad empresarial son el motor del cambio”.

Además, agrega que la colaboración en toda la cadena de suministro, incluyendo a proveedores y socios, es fundamental para lograr una reducción significativa de la huella de carbono en el planeta. “Implementar procesos de descarbonización en plantas y fábricas es fundamental porque, además de disminuir las emisiones de CO₂, permite una gestión más eficiente de recursos como agua y energía”, enfatiza el especialista.

La experiencia de Veolia en gestión ambiental en Latinoamérica y el mundo respalda esta visión, destacando que la trazabilidad y medición de indicadores son esenciales para demostrar los avances y cumplir con certificaciones y reporte de impacto.

Urich menciona que, a pesar de los desafíos, como los costos iniciales y la resistencia al cambio, la tendencia global apunta hacia una economía baja en carbono: “Cada contrato y cada proyecto que ganamos en Veolia refleja nuestro compromiso y el impacto tangible que podemos generar en la reducción de emisiones”.

Ecuador y su camino para reducir la huella de carbono

En Latinoamérica, específicamente en Guayaquil, Ecuador, empresas como The Magnum Ice Cream Company –que es una entidad separada de Unilever y que opera bajo la marca local de helados Pingüino– están liderando el cambio hacia una producción más responsable, aplicando tecnologías de economía circular y gestionando sus residuos para reducir su huella de carbono.

Desde hace 11 años –conjuntamente con Veolia-, la empresa ha venido implementando un programa global llamado Zero Waste to Landfill (ZWTL), que busca que el 100 % de sus residuos sean gestionados de forma responsable, sin enviar nada a vertederos, explica Fabián Quintero, gerente de manufactura en la planta Antártida. A este proceso se le conoce también como economía circular, un modelo que maximiza el aprovechamiento de los recursos y minimiza los desechos.

Quintero menciona que este compromiso no solo reduce la huella de carbono sino que también tiene un impacto social positivo, ya que la reutilización de los residuos alimentarios de la planta y que se destinan a la alimentación de cerdos, beneficia a unas 100 familias y 210 hogares, generando empleo digno y promoviendo la economía local.

Asimismo, los lodos tratados en la planta se convierten en fertilizante para 4.000 hectáreas de cultivos florales en la Sierra ecuatoriana, impulsando la economía agrícola y creando empleo para miles de personas.

Pero, ¿cómo se aseguran de mantener estos estándares? El especialista recalca que constantemente se realiza una revisión del desperdicio en cada línea de producción, garantizando que los niveles se mantengan dentro de los límites establecidos. La seguridad, la calidad y la protección del medioambiente son valores que guían cada paso de la empresa.