Cuánto bien haría a los ecuatorianos instaurar la integridad institucional en los asuntos de la administración pública, para evitar prácticas corruptas, fraudulentas, coercitivas, colusorias, obstructivas y la apropiación indebida de recursos destinados a servicios públicos como salud, educación, justicia, seguridad, defensa, provisión de redes de agua, energía, conectividad, etc.

Un paso previo es el combate a la corrupción. Varias han sido las iniciativas y escasos los resultados en torno al tema. Lenín Moreno instituyó la Comisión de Expertos Internacionales de Lucha contra la Corrupción, que fue suprimida al cabo de un año. Ahora Guillermo Lasso crea la Secretaría de Política Pública Anticorrupción, y al instante se le objeta una presumible falta de independencia.

En septiembre del año pasado, Lasso aseguró que la corrupción le ha costado a Ecuador $ 70.000 millones en los 14 años anteriores a su mandato, pero no hay visos de recuperar ese dinero, pues parece lejano el día en que Ecuador pueda contar con un eficiente sistema anticorrupción.

Por derivaciones de acciones judiciales internacionales en torno a la red de sobornos tejida en varios países por la constructora Odebrecht, en Ecuador se logró sentenciar a algunos funcionarios del correísmo, y en Estados Unidos se siguen otros procesos, como al excontralor Carlos Pólit, a quien se lo acusa, entre varios delitos, de lavar el dinero de las coimas, sorprendiendo que haya podido pagar una fianza de 14 millones de dólares.

Es enorme el desafío de la flamante Secretaría de Política Pública Anticorrupción y de su titular, Luis Verdesoto. No solo se trata de desvelar los mecanismos utilizados para las prácticas corruptas y prever acciones eficientes para la detección, denuncia y sanción ejemplarizadora de estas, sino que la lucha anticorrupción debe complementarse con la recuperación de los capitales. Por tal razón, auguramos éxito en el diseño de la política de integridad pública y anticorrupción, para que su sistema y estrategia de implementación resulten autónomos y eficientes. (O)