Los líderes de las economías más desarrolladas del planeta –Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos– que integran el Grupo de los Siete (G7), debatieron entre el viernes y el domingo últimos sobre el rumbo del planeta tras la crisis generalizada por la pandemia del COVID-19. A la cita también fueron invitados India, Sudáfrica, Corea del Sur y la Unión Europea.

En todo el orbe preocupa reordenar las finanzas, la economía, el empleo, la seguridad, la política comercial, precautelar la salud de las personas y atender otras áreas para que el mundo pueda desarrollarse en armonía.

El G7 se comprometió a donar 1.000 millones de vacunas, prevenir futuras pandemias, reducir la huella de carbono y contrarrestar la influencia de China en el mundo a través de un plan ambicioso de financiamiento de infraestructura destinado a los países menos desarrollados.

La Organización Mundial de la Salud estima que para vencer al coronavirus hacen falta 11.000 millones de vacunas, para ello será necesario incrementar la producción de vacunas en los siguientes tres meses.

Respecto al propósito de contrarrestar la influencia en ascenso de China en el mundo mediante préstamos para países con economías en desarrollo, se anunció un plan especial para apoyar a los países de ingresos bajos y medianos para ayudarles a construir mejores infraestructuras, a través de una alianza “motivada por valores y con altos estándares de transparencia”. De concretarse esta propuesta, se estará atacando en parte las causas de las migraciones.

Los problemas del mundo, además de los expuestos en la cumbre referida, abarcan el desgaste de los recursos naturales, la contaminación del agua, altos porcentajes de pobreza, conflictos armados, segregacionismo, el narcotráfico y las problemáticas conexas a las adicciones, inseguridad, polarización política, irrespeto a los derechos, entre otros. Es un buen comienzo establecer acuerdos para tratar de solucionar los más urgentes. (O)