El fin de la Segunda Guerra Mundial lo celebran los países vencedores en dos fechas diferentes. Para los aliados occidentales, el Día de la Victoria sobre la Alemania nazi se conmemora el 8 de mayo, mientras que Rusia y otros países de la antigua Unión Soviética lo hacen el 9 de mayo. La diferencia se explica porque el acta de la capitulación incondicional de Alemania, ocurrida en 1945, se firmó en Berlín antes de la medianoche del 8 de mayo, y debido a la diferencia horaria, en Moscú eran las primeras horas del 9 de mayo.

La Asamblea General de las Naciones Unidas decidió, en 2004, declarar el 8 y 9 de mayo como Días del Recuerdo y la Reconciliación para quienes perdieron la vida en la Segunda Guerra Mundial. 77 años después, con la invasión militar rusa a Ucrania en curso, agentes de inteligencia de Occidente temen que el presidente ruso pueda aprovechar la fecha clave del 9 de mayo para declarar la oficialidad del conflicto en Ucrania, país al que supuestamente ataca con la intención de “desmilitarizar y desnazificar”.

El Gobierno ruso ha evitado utilizar la palabra guerra para referirse a la invasión militar iniciada en Ucrania el 24 de febrero, y prefiere calificarla como “operación militar especial”. Incluso, de manera oficial, el portavoz de la Presidencia rusa en estos días ha asegurado que es “un disparate” pensar que se vaya a declarar la guerra a Ucrania o a decretar una movilización general el día 9.

Pero aunque la declaratoria de guerra no ocurra, ya es tremendamente desesperante para el pueblo ucraniano que se ataque sin provocación, con misiles, a centros urbanos, edificaciones y viviendas, y que sus ocupantes resulten heridos, muertos o millones sean obligados a desplazarse. Otras implicaciones del conflicto abarcan problemas para la siembra y el cultivo, así como para las exportaciones agrícolas, por los desplazamientos forzados en los campos y el bloqueo de puertos. Mucho para reflexionar en estos días en que debiera darse el fin de ese ataque militar injustificable. (O)