El Himno Nacional del Ecuador se volvió a escuchar ayer en Tokio. Esta vez la hazaña la logró Neisi Dajomes al obtener el primer lugar en la categoría 76 kg de halterofilia en Tokio 2020. Además de la inmensa alegría que representa que el país obtenga una segunda medalla de oro en los presentes Juegos Olímpicos, es de gran significado que Dajomes sea la primera mujer ecuatoriana en ganar una medalla de oro.

La tríada de oro olímpico de Ecuador está conformada por Jefferson Pérez, Richard Carapaz y Neisi Dajomes, quienes además de compartir la gloria deportiva se caracterizan por su origen humilde y por vencer adversidades hasta alcanzar sus metas. Su ejemplo inspira a otros deportistas, a la niñez, la juventud y los ecuatorianos que se identifican con el esfuerzo diario, la sencillez y la perseverancia.

Como parte de su mensaje de felicitación, el presidente Guillermo Lasso, por videollamada, le dijo a la flamante medallista: “Sin duda alguna, eres un ejemplo para las mujeres ecuatorianas y también del mundo”. Y tiene razón. En todos los ámbitos se necesitan referentes que marquen la pauta. Qué bien que Dajomes sea quien esta vez traza la ruta.

Su historia personal y familiar es singular, y en la ceremonia de premiación envió un mensaje muy potente con un acto simbólico que quedará perennizado en fotos, videos y en la memoria de quienes se interesen por averiguar más datos sobre sus orígenes.

Las palabras “mamá” y “hermano” escritas en la palma de la mano de Dajomes, mostrada ante las cámaras, más sus lágrimas, conmueven y llevan a la audiencia a reflexionar sobre el significado de la familia, un gesto que merece relieve en momentos en que las sociedades parecen haber restado importancia a ese que es uno de sus componentes fundamentales.

Hay otros matices en la historia de nuestra campeona olímpica sobre los que es necesario reflexionar, como el origen de sus antecesores y el peregrinaje de sus padres antes de llegar al Ecuador. Por ahora, ¡gracias, Neisi, y felicitaciones! (O)