Aquello de “abril, aguas mil” que es una frase tradicional ecuatoriana cuando se planifican medidas para el invierno, esta vez no se ha concretado y, por lo contrario, una serie de factores climáticos han hecho que este mes esté sofocando a los habitantes, especialmente de muchas zonas costeras del país, con temperaturas que superan los 34 grados centígrados, una sensación térmica que llega ocasionalmente hasta los 40 grados y una preocupante ausencia de vientos.
Eso confirma a las claras que el clima aquí en la mitad del mundo está sufriendo ahora cambios sorpresivos, que se reflejan en este aparentemente prematuro inicio de la época seca, el verano como se la identifica en Ecuador a la ausencia de lluvias, que ya impacta en agricultores y ciudadanos en general, sobre todo los que habitan zonas rurales.
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Luego de unos meses de enero y febrero prolijos en aguaceros que afectaron vías y provocaron muchas inundaciones, de pronto estos se fueron dejando en la Costa unos niveles de humedad que alcanzan el 80 % y la sorpresa de que, sin necesidad de calefón, el agua de las tuberías sale caliente, dada la exposición que estas tienen al calor solar, que en la cintura del planeta suele golpear con fuerza directa.
El clima, por una amplia diversidad de efectos, está cambiando y se ha advertido ya que este mismo año podría iniciarse un megafenómeno de El Niño, aquel que debe su nombre al niño Jesús, porque aparecía siempre en diciembre.
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Ahora hay serios indicios de que se forma ya en el océano Pacífico, frente a nuestras costas, y su impacto en tierra pueda anticiparse a agosto o septiembre de este año, prolongarse por muchos meses y destruir infraestructura y propiedades privadas.
Todos, entonces, debemos prepararnos para esa situación climática. Desde las medidas individuales que se toman en el hogar, hasta las colectivas y comunitarias que evitarán que multipliquen damnificados, afecten a escuelas, hospitales, vías y se detenga la producción. (O)