¿Cuándo el Estado perdió el control de las cárceles del país? Esa es la pregunta por responder.

Los sanguinarios amotinamientos simultáneos de ayer, en tres cárceles del país, con un saldo de al menos 67 muertos, son parte de una crisis que se viene gestando desde tiempo atrás.

Fue una jornada de horror, con reos colgados, desmembrados, decapitados y varios heridos, en una acción coordinada en las cárceles de tres provincias –Azuay, Cotopaxi y Guayas–, que empezó desde las 19:00 del lunes en la Cárcel Regional 8 de Guayaquil, donde se tomaron a guías penitenciarios como rehenes.

La cronología de los hechos que anteceden a esta “acción concertada de organizaciones criminales para generar violencia en los centros penitenciarios”, así descrita por el ministro de Gobierno, Patricio Pazmiño, da cuenta de múltiples falencias acumuladas en el sistema carcelario del país, regido por el Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de la Libertad y a Adolescentes Infractores (SNAI).

¿Por qué las organizaciones criminales siguen articuladas y operando bajo la coordinación de los líderes que están privados de libertad?

¿Cómo puede ser que cada tanto se requisen cuchillos, machetes, pistolas, teléfonos celulares, drogas, etcétera; significa que hay una línea de abastecimiento asegurada de manera permanente de estos elementos?

El ministro Pazmiño tuiteó que desde el Puesto de Mando Unificado conjuntamente con el mando policial se gestionan acciones para recuperar el control. Al respecto, se debe precisar qué significa recuperar el control.

Si la respuesta es ‘volver a operar en las condiciones acostumbradas’, eso no es tener el control sino solo aguardar hasta una nueva arremetida de los capos.

Es menester investigar y hallar a quienes conceden privilegios a los criminales en las cárceles del país para que sigan imponiéndose. (O)