Algo concurrente para la mayoría de personas que tienen un vehículo en este país es sufrir un daño por accidente o por nuestras horribles calles y carreteras tan repletas de radares y baches.

Para nuestra mayor desgracia, la mayor parte de aseguradoras tienen favoritismo para con algunos talleres, los cuales más parecen desguaces por el montón de vehículos desarmados que yacen en sus terrenos. Este favoritismo, que es una forma más de la corrupción que está destruyendo este país, se desarrolla en el horrible servicio de que por ahorrarle un montón de dinero a las aseguradoras, brindan un trabajo nefasto con reparaciones deficientes y hasta peligrosas. Quienes contratamos seguros aspiramos a que los arreglos sean rápidos y correctos. Estos desguaces de los amigos de las aseguradoras ni siquiera cuentan con equipos para diagnósticos de los daños que puede sufrir un automotor, más aún con el avance que se ha generado en los vehículos actuales con diferentes tipos de sensores y componentes electrónicos. Peor aún, no cuentan con repuestos o facilidades para la reparación de ciertas marcas o modelos de vehículos.

Poner una denuncia en la Superintendencia o en la Defensoría también supone sufrir un dolor de cabeza, culminando la persona accidentada y asegurada sin su vehículo. Se impone al final la injusta política del sector de venta de vehículos en vernos obligados a estar endeudados casi toda la vida por un vehículo nuevo. (O)

Roberto Castro, abogado, Guayaquil