La publicidad es una forma de comunicación pagada, cuyo fin es promover un producto, servicio o idea a través de diferentes medios de comunicación para informar, persuadir y recordar a los consumidores usos y beneficios del mismo, sin embargo, pienso que actualmente se abusa a través de información falsa, exagerada o incompleta sobre las características, beneficios, origen o precios de productos o servicios que a diario se publicitan. Vivimos en tiempos muy difíciles en los que nos toca reflexionar sobre si lo que hago, transmito o adquiero es lo mejor para los demás y para mí, y es en esta última parte donde la mayoría de las personas somos vulnerables ante la vehemencia, descontrol y falsedad con que se hace la publicidad de tal o cual producto y que de pronto necesitamos adquirir, por lo que les recuerdo a los comerciantes lo que dijo Toni Segarra: “Una compañía produce y vende algo por una razón, si es solo para ganar dinero fracasará o será despreciable”.

Vemos a diario ofrecer por televisión diversos productos medicinales, de origen natural que curan todo tipo de enfermedades, como páncreas, colon, próstata, hígado graso, cáncer, visión borrosa; otros aplanan arrugas en la piel o previenen el envejecimiento, etc., son productos mágicos que no tienen registro sanitario sino que se respaldan en una notificación sanitaria (que no es lo mismo) como si fuera cosmético o papel higiénico lo que se promociona, sin considerar que se trata de productos de alto riesgo por ser para consumo humano. También se hace publicidad en redes sociales sobre ofertas de trabajo a personas sin experiencia, préstamos de dinero a intereses irrisorios, venta de vehículos a precios y condiciones mínimas de crédito, que al final resultan una trampa ya sea para robar el dinero del incauto o secuestrarlo.

Existiendo en nuestro país organismos encargados del control y regulación de lo que se compra, vende u oferta, como Arcsa o Fiscalía, no se actúa de oficio contra el falaz anunciante, aun cuando la Ley Orgánica de Defensa del Consumidor prohíbe este tipo de abusos y descaradamente en televisión o redes sociales se publicitan estos bienes y servicios. Así como en 2013 a través de la Ley de Comunicación se prohibió entregar a la ciudadanía información no verificada, de la misma manera se debe legislar a fin de verificar que la publicidad que se hace de los productos en los distintos medios de comunicación sea real, medible o cuantificable, respaldada por la comunidad científica, y sancionar enérgicamente cuando esto no sea veraz, ya que los comerciantes inescrupulosos están usando la publicidad para aprovecharse del desconocimiento, necesidad o ingenuidad de la población. (O)

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Enrique Aníbal Chalén Escalante, ingeniero comercial, Guayaquil