La pesadilla comienza al llegar a la troncal, y nosotros mismos nos vamos contestando, “¿por qué hay tan pocas unidades circulando y estas van rellenas de personas?”, cuando vemos decenas de unidades de buses, destartalados y oxidándose.

Llegados a la troncal, quienes padecen de incontinencia, próstata o que por desgracia se enfermaron de su estómago no pueden encontrar un sanitario, porque los guardias informan que están dañados (por semanas). El baño de las damas sí funciona.

Al subir a la unidad de turno, sorteando la primera marea de gente, vemos enseguida que los asientos amarillos, destinados a personas de movilidad reducida, embarazadas o de tercera edad, son ocupados por gente joven, los cuales son infectados con algún tipo de virus, pues ni bien se sientan, caen en un profundo sueño, no escuchan, no ven y los que deben ser beneficiados viajan incómodamente. Deberían fumigar estos asientos por causa de este virus del sueño.

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Una vez que va repletándose la unidad, siempre me topo con una señora que no alcanza a sostenerse de los tubos o agarraderas que cuelgan de ellas y en cada acelerada o frenazo, va acomodando o dislocando la espalda de quienes tiene alrededor. Si sufre de escoliosis, lumbalgia, abscesos, con todo el movimiento, se le van acomodando las vértebras, desvíos de columna, y quienes están sanos, pues, se descomponen.

Si está resfriado o requiere quitarse las toxinas o desea adelgazar, simplemente súbase a cualquier unidad, pues el calor y la humedad reinante no le piden favores a un baño de cajón o sauna.

En cada parada, una ola de gente se avienta abruptamente al interior, los empujones permiten que como sardinas se apilen y el cierre de las puertas simplemente completa la gestión, las personas que se ajustan entre sí, algunas son abusadas por los “morbosos” que hacen de las suyas y el que no lo es, de igual manera paga los platos rotos si por casualidad ha rozado a una dama.

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No podían faltar los tres “caballeros de gorra” que se apuestan en una de las puertas y trabajan en conjunto, mientras el uno empuja fuerte, el otro mete la mano a un incauto y se lo pasa al tercero. Combinación perfecta por si alguno se da cuenta de que le robaron y no puede culpar al que tiene enfrente o al que está detrás.

Por último, tratando de salir a la parada donde hay que tomar otro alimentador, a los maravillosos choferes que conducen los alimentadores se les ocurre dejar pasajeros de un bus repleto en el mismo andén donde sube una gran cantidad de personas, teniendo lugar en otro andén dentro de la estación. Esto ocurre especialmente en la parada de la Federación Deportiva, específicamente con el servicio de alimentador que va a Ceibos, PJ y suburbio. Lo que se ve a diario es un enfrentamiento de dos mareas de personas que se encuentran, unas pugnando por bajar y otras por subir. (O)

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Bolívar Guevara, Guayaquil