La célebre frase de Mario Moreno, Cantinflas, “Nunca he sido pobre, he estado sin dinero” encierra una profunda diferencia que, aun hoy, resulta vigente y necesaria de comprender. En una sociedad donde frecuentemente se equipara el valor de una persona con su capacidad económica, esta afirmación rompe esquemas y nos invita a reflexionar sobre la verdadera esencia de la pobreza.
No tener dinero es una circunstancia temporal; la pobreza, en cambio, es una condición más compleja que no solo abarca lo material, sino también lo espiritual, intelectual y moral. Cantinflas, desde su sabiduría popular, nos recuerda que la dignidad humana no se mide por el contenido de una billetera, sino por los valores, la actitud frente a la vida y la capacidad de salir adelante incluso en medio de la adversidad.
Ahora, donde muchas familias enfrentan crisis económicas, desempleo o incertidumbre, esta frase cobra una dimensión especial. Estar sin dinero puede generar angustia, limitaciones e incluso desesperación; pero no define a la persona. Desde una mirada social y jurídica, también es importante distinguir entre pobreza estructural y dificultades económicas transitorias. La primera requiere políticas públicas; y la segunda, muchas veces, puede resolverse con oportunidades, educación y acceso a recursos. En ambos casos, el respeto a la dignidad humana debe ser el eje central.
Publicidad
Cantinflas no solo hacía reír, también dejaba mensajes cargados de sentido común y humanidad. Su frase no niega la existencia de la pobreza, sino que reivindica la fortaleza del ser humano frente a la escasez. En definitiva, no es el dinero lo que define quiénes somos, sino nuestra capacidad de mantenernos firmes, íntegros y esperanzados. Se puede carecer de dinero, pero jamás de dignidad. (O)
Elio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, el Coca


















