Quiero destacar algunos puntos tras leer detenidamente la nueva Ley Orgánica para la Atención Integral del Cáncer, no como abogada, sino como paciente con cáncer y por mi experiencia.

Si todo lo escrito no queda en letra muerta, es una buena norma que se preocupa no solo de la parte humana, laboral, sanitaria si no también del acompañamientos psicológico durante la enfermedad.

Creo que este artículo refleja todo lo que se intenta abarcar: promoción de la salud, prevención de la enfermedad, asesoramiento genético, detección temprana, diagnóstico oportuno, tratamiento, rehabilitación, apoyo psicológico a las personas con diagnóstico y sus familias, cuidados paliativos y vigilancia epidemiológica.

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Se busca la promoción de la salud y prevención en instituciones educativas; esto es muy destacable porque con educación temprana sobre factores de riesgo siempre se va a tener mejores resultados en el futuro. El asunto es aplicarlo y tener cómo financiar esto en instituciones públicas. Esa prevención debe necesariamente ir atada a una educación sobre nutrición. No veo que se le dé mucha importancia a la nutrición –de forma directa– cuando es clave en la prevención, tratamiento y remisión; se habla en términos generales de “estilos de vida saludables”.

Lo que creo que falta es que no se considera al deporte –ni a las instituciones rectoras en materia deportiva en el país– como un área en la cual trabajar para la prevención; a día de hoy y con los estudios realizados se sabe que el deporte es una pieza clave en la prevención y como tratamiento.

Finalmente, habría que hacer el análisis si el 50 % de la contribución pagada por operaciones de créditos (que asciende a 0,5 % del monto del crédito) es suficiente para financiar la atención integral al cáncer propuesto en esta nueva regulación. (O)

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Tatiana Vernaza Gonzenbach, Guayaquil