Dios por su inmenso amor por la humanidad nos mandó a su hijo para que nos haga más sensibles y solidarios y nos redima del pecado. Él nos mandó a un niño puro y limpio de mente y espíritu, sin riquezas, en un pesebre protegido apenas por unos olivares eso sí, con una madre pura hasta la santidad.

Un niño llamado Jesús de Nazaret con su doctrina llena de amor: “amaos los unos a los otros como yo los he amado”, “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, “permaneceré junto a vosotros hasta el fin del mundo”, “mi reino no es de este mundo”, “los limpios de corazón entrarán en el reino de los cielos”. Su religión es de igualdad, de amor: “por sus frutos los reconoceréis”.

Época mística navideña

La vida es amor y la frase “te amaré hasta que aprendas a amarte” es lo que quisiéramos escuchar. Una chica salió de una fiesta y chocó el carro, la abuela que la quiere mucho le dijo: “hijita, nunca mires el celular si estás manejando, te expones a estos accidentes, pudo haber sido peor, agradece a Dios, y la próxima si vas a fiesta anda sin carro y cuando te retires llama a tus padres”.

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Existe una frase que dice: “el hogar es el sitio en el que cuando vas te sientes a gusto y bien recibido”. En tu hogar con tu familia es donde se siente verdaderamente un “te quiero” y “te acepto como eres”, “tengo la esperanza de que vas a cambiar”.

Navidad y cultura

El autor Leo Buscaglia dice que el ser humano debe cambiar para lograr ser libre. Necesitamos ser libres para crear y emprender nuestras propias cosas, ya que tenemos las mismas capacidades y virtudes para lograrlo. La libertad y el amor son la base del crecimiento y el desarrollo.

Todos necesitamos de afectos y ternura; las caricias constituyen la primera gota para experimentar la ambrosía del amor, el mejor aroma de todos los perfumes. (O)

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Hugo Alexander Cajas Salvatierra, doctor en medicina, Milagro