Desde esta tribuna del pensamiento, la cultura y la justicia, analizamos un tema clave para el conocimiento humano: el origen de la música. ¿Cuándo nació? ¿Cómo surgió? ¿Qué sabemos realmente sobre sus primeros pasos en la historia?

La música no comenzó con instrumentos, sino con el cuerpo humano. Mucho antes de la escritura y de las civilizaciones organizadas, hace más de 50.000 años, nuestros ancestros ya utilizaban la voz, las palmas y los golpes rítmicos para comunicarse y fortalecer la vida en comunidad. El primer “instrumento” fue el canto. Con él se imitaban sonidos de la naturaleza, se narraban historias, se guiaban rituales y se creaba cohesión social.

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La evidencia arqueológica confirma que la música formó parte esencial de la vida simbólica del ser humano primitivo. En la cueva de Divje Babe, en la actual Eslovenia, se halló una flauta elaborada con hueso de oso, con más de 40.000 años de antigüedad. Este hallazgo demuestra que la expresión musical no era un simple entretenimiento, sino una manifestación profunda de pensamiento, emoción y espiritualidad. Siglos después, en complejos rituales como los desarrollados en Göbekli Tepe, considerado uno de los centros ceremoniales más antiguos del mundo, la música habría adquirido formas más estructuradas: ritmos repetitivos, percusiones primitivas y cantos ceremoniales que reforzaban identidades colectivas y creencias espirituales. La ciencia sugiere que la música nació porque necesitábamos conectar. Antes de convertirse en arte, fue comunicación. Antes de ser espectáculo, fue ritual. Antes de ser industria, fue supervivencia emocional. Hoy seguimos utilizándola para expresar lo que las palabras no alcanzan, para unir pueblos, para sanar heridas invisibles y para celebrar la vida. (O)

Elio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, el Coca