En Milagro, corazón agrícola y comercial del Guayas, se levanta el hospital general del IESS Federico Bolaños Moreira, una institución que desde hace décadas sostiene la salud de miles de familias afiliadas. Su historia está marcada por la expansión de servicios, la modernización de áreas críticas y, también, por las dificultades de infraestructura que ponen a prueba la paciencia de usuarios y el compromiso de su personal.
En el 2014, el hospital fue catalogado como de nivel dos, con 123 camas censables y decenas de miles de atenciones anuales. Para entonces ya funcionaba con consulta externa, emergencia las 24 horas y una cartera de servicios básicos reforzada. Tres años más tarde, en 2017, se amplió la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) con 11 camas y equipos de última tecnología: ventiladores, monitores, desfibriladores y rayos X portátiles. El Área de Terapia Respiratoria también fue modernizada, llegando a atender a más de 80 pacientes diarios.
Este crecimiento dio a la ciudad una infraestructura sanitaria que podía responder a emergencias complejas sin tener que derivar de inmediato a Guayaquil o Quito. Sin embargo, la realidad de los últimos años ha mostrado las dos caras de la moneda. En 2023, la institución sufrió una crisis de climatización. Los pasillos se llenaron de ventiladores improvisados y el calor sofocante puso en riesgo la seguridad de pacientes y trabajadores.
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Las autoridades reaccionaron y en 2024 el IESS aprobó resoluciones para reparar el sistema de climatización y mejorar las instalaciones hidrosanitarias. En julio de 2025, el hospital realizó un simulacro interinstitucional de emergencias con bomberos y Policía, reforzando su preparación frente a desastres. Esto demuestra que, pese a las limitaciones, existe un esfuerzo por sostener la calidad y la seguridad.
Lo cierto es que los médicos, enfermeras y auxiliares hacen mucho con poco. Atienden con profesionalismo en medio de carencias estructurales y logran sacar adelante a pacientes en condiciones que a veces no cumplen con los estándares internacionales de confort y seguridad. Son ellos quienes, con vocación y humanidad, sostienen la confianza de la ciudadanía en una institución que representa al sistema público de seguridad social.
Aquí se abre la pregunta central: ¿qué necesita Milagro? El hospital requiere no solo mantenimiento correctivo, sino un plan sostenido de inversión en infraestructura y tecnología. Una institución con este volumen de pacientes y especialidades no puede depender de resoluciones parciales; necesita políticas de largo plazo que blinden su operación frente a fallas previsibles.
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La comunidad, por su parte, debe reconocer que detrás de cada consulta y cada cirugía hay equipos humanos que luchan por atender bien, aunque el aire acondicionado falle o los pasillos se llenen. Ayudar al hospital significa respaldar sus mejoras, exigir cuentas claras al IESS y defender el derecho a una atención digna.
El hospital de Milagro no es solo un edificio: es un símbolo del esfuerzo de una ciudad que resiste y avanza. (O)
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Jorge Ortiz Merchán, máster en Economía y Políticas Públicas, Durán