En clases se suele hablar en todo momento de creatividad e innovación; sin embargo, ¿con qué frecuencia en realidad las usamos? Se creían conceptos lejanos casi de uso exclusivo de emprendedores y profesionales exitosos, genios creativos o grandes empresas.

La creatividad e innovación son más que un don reservado para pocos; a la presente fecha, son habilidades entrenables y ligadas profundamente en nuestra vida diaria como docentes y estudiantes.

La creatividad no es solo tener una idea brillante, sino tener la habilidad y capacidad de conectar lo que ya sabemos de formar nuevas; mientras que la innovación, por su parte, ocurre cuando materializamos las ideas con soluciones de valor real.

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El sistema educativo está viviendo un proceso de transformación en el cual los bloqueos son generados no por falta de capacidad, sino por miedo al error, educación centrada solo en la respuesta correcta, falta de espacios de experimentación, rutinas académicas excesivamente rígidas. No terminen por apagar la chispa creativa.

El aula debe ser un verdadero laboratorio de ensayo y error; que sirva de vitrina para potenciar la creatividad e innovación en donde se trabaje con problemas reales. Normalicemos el error, consultar más que afirmar, donde el aprendizaje y errores no se sientan como un castigo, sino que sea el espacio seguro donde se cruzan miradas distintas y nos atrevamos a pensar diferente.

Por eso, la creatividad se entrena todos los días al cuestionarnos el qué, cómo, cuándo, por qué, dónde; al conectar lo aprendido en clase con la vida real; al observar nuestro diario vivir con curiosidad no por la costumbre. Ahí es donde nacen los hábitos que potencian grandes ideas.

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El rol de docentes no se trata solo de transmitir conocimientos, sino de crear condiciones para que la creatividad nazca en cada estudiante siendo facilitadores del pensamiento, teniendo claro que no siempre se acierta, que los estudiantes están en su papel para aclarar ideas, cuestionarse, proponer y aprender de los errores.

Por lo tanto, no necesitamos laboratorios sofisticados para potenciar la creatividad e innovación, sino una buena metodología y actitud diaria que haga despertar la curiosidad, conexión humana y comprensiva. Que entendamos que pensar diferente está bien y convirtamos la creatividad en una práctica diaria segura para experimentar. (O)

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Hugo Castillo, docente de la UIDE, Loja