No hace mucho, este pequeño país caribeño vivía sumido en la pobreza y el retraso económico, cultural y social, algo parecido al Ecuador.
Pero ocurrió un milagro: descubrieron petróleo en su subsuelo y el cuento del patito feo se realizó en este pequeño país. Gracias a su riqueza petrolera, que la está explotando en toda su extensión, se ha convertido ahora en un majestuoso cisne, revitalizado en todos sus ámbitos. Las inversiones acuden a raudales, las cadenas hoteleras ni se diga, el país ha transformado su infraestructura; además ha mejorado su salud, educación, servicios básicos, carreteras etc. La cenicienta del siglo XXI. Gracias a haber aprovechado lo que la madre naturaleza les regaló. El oro negro. Y han sido tan inteligentes para comprender que ese regalo era la salvación del pueblo.
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¿Y Ecuador? Bien, gracias. Sigue sumido en su pobreza y subdesarrollo gracias a un puñado de personas que junto con instituciones públicas, como la Corte Constitucional, decidieron dejar enterrado en el Yasuní el tesoro negro que nos regaló la madre naturaleza, tesoro que en nuestra precaria situación económica presente se necesita a gritos para cubrir tantas necesidades que el pueblo tiene, como educación, salud, carreteras, viviendas, servicios básicos, entre otras.
Debería llevarse nuevamente a referéndum la pregunta para que el pueblo diga si quiere que ese tesoro siga enterrado o se lo aproveche. Estoy convencida de que ahora otra será la respuesta. (O)
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Nelly Lozada, Guayaquil