La quema de monigotes durante las fiestas de fin de año traen consigo la contaminación y deja en el ambiente miles de toneladas de plomo, cromo, fósforo y otros químicos que pueden llegar a ser cancerígenos y tóxicos, no solo dañando nuestra salud sino también a la naturaleza. A esto se suma la agresiva contaminación acústica de parlantes que se fusionan al aire libre en todo tipo de fiestas, lo que afecta tanto a personas como a los animales.

De la combustión ocasionada por la quema de los monigotes se producirán daños irreparables a la naturaleza, matando animales, aves y mascotas, liberará también gases de efecto invernadero que dañan la atmósfera y envenenan el aire que respiramos. Los metales pesados y cancerígenos generados en la quema tardan años en ser reciclados por la naturaleza, contaminando tierra, mares y fuentes hídricas; por lo que estamos condenados a respirar aire y a ingerir nuestros alimentos contaminados.

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También hay que destacar las emergencias, como quemaduras de primer, segundo y tercer grado, mutilaciones, trauma acústico, ocular, incendios y demás accidentes graves y mortales que siempre se producen antes, durante y después de la quema de monigotes, que a su vez congestionan las salas de urgencia de clínicas y hospitales con fatales consecuencias que lamentar en muchos casos.

Mención especial merecen las enfermedades respiratorias como la “supergripe” que agrava su curso y pronóstico, además de que se incrementará el número de casos, por las razones antes anotadas y también por las aglomeraciones de esta época en centros comerciales, fiestas y reuniones de distinta índole. Penosamente tenemos que aceptar que no hay autoridad que pare esto, sin importarles nuestra salud o la naturaleza. (O)

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Francisco Plaza Bohórquez, gineco-oncólogo y mastólogo, Guayaquil