Catalogado por la OMS como una forma de agresión, daño a la salud y violencia, el ruido es un sonido o conjunto de sonidos, sin armonía ni ritmo, o “música” a más de 70 dB. Desagradable para el oído, también dañino para el medio ambiente, altera la fisiología normal de un individuo.

El uso y abuso de parlantes en primer lugar, el tráfico, el comercio, industria, fiestas, etc., son fuentes permanentes de ruidos de toda índole. En Ecuador casi todas las ciudades, cantones, parroquias, playas, sitios turísticos, están agredidas e intoxicadas permanentemente por el ruido, a vista y paciencia de indolentes e inoperantes autoridades que no hacen absolutamente nada frente a este grave problema. Más grave aún, lo fomentan y apoyan.

Los reclamos son a diario y especialmente los fines de semana, lo que da lugar a incidentes y agresiones. Cuando alguien se acerca a una “casa parlante” a pedir que bajen el volumen, la violencia, alcohol y drogas van siempre de la mano.

Los niveles permitidos por la OMS son 65 dB durante el día y 55 durante la noche. La Municipalidad de Samborondón acaba de emitir una excelente ordenanza contra el ruido, publicada en el Registro Oficial el 19 de mayo/22, ejemplar labor que deberían seguir todos los GAD y que ha merecido la felicitación y complacencia de los vecinos civilizados de ese cantón; a más de ello, en manos de la Asamblea Nacional y su comisión de Salud reposa un Anteproyecto de Ley contra el Ruido, entregada en acto público hace más de un año para su discusión y aprobación.

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Lastimosamente la ordenanza en Samborondón no se cumple, ya que en ciudadelas y urbanizaciones transforman el área en una zona rosa sin control ni horario, con monstruosos ruidos. (O)

Francisco Plaza, médico, Samborondón